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Hoy

te escribiría en la espalda

maldito indiferente

quemando los retazos de tus caretas,

usando como tinta

el néctar de tu nada

(esa nada

infame

corrosiva

repugnante).

Hoy

te escupiría los ojos

con el veneno de tus ausencias

(esas ausencias

crueles

punzantes

inhumanas).

Pero hoy

tengo una tristeza en esta sangre

(una tristeza

profunda

invasora

desamparada)

y el delirio

es mi único bálsamo.

Sólo ahí

confío

en lo que nos une.

Sólo ahí

imagino

que lo compartido

no es el resultado del azar celestial

sino

un aprendizaje terrenal

(un aprendizaje

desatinado

grotesco

irracional )

Entonces

hoy

lo único que puedo hacer

es abrazarme

a esa mezquina confianza

para resistir

a este nudo y sus ganas

(este nudo

que me habita

la garganta

el estómago

el alma

la piel).



“Benedetti en italiano significa benditos.
Lo único que puedo decir es eso.
Benditos sean las mujeres y los hombres
 generosos y honestos como éstos”.

Eduardo Galeano

Cuando abro el diario y leo/ mi propia necrológica/ me apena que no sepan/ que estoy en condiciones/ de mostrar dondequiera/ y a quien sea/ un vigente, prolijo y minucioso/ certificado de existencia

Se empeñan en repetirlo. Que Bendetti murió. Pero si muere quien ya no tiene vida, entonces, ¿murió Benedetti?. El lenguaje queda limitado (una vez más, como tantas otras veces) cuando se cumple la paradoja de los mortales inmortales. Y también es paradójico que quien escribió que había que vivir como si fuéramos inmortales entendió que era necesario no sólo eso, sino también morir como un inmortal. Como para mover el piso del lenguaje, desestructurarlo y cuestionarlo.

Me gustan/las frugales transgresiones

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Este papel soberbio / irrefutable/ atestigua que existo

Me inspiran más confianza los que dicen que se tomó una tregua. Tregua que dura hasta que las preguntas sobre los asuntos mundanos se nos encarnen y acudamos acongojados al vino de sus poesías y confirmemos, con una sonrisa indisimulada, que la vid de sus palabras es la sed de los pueblos. O hasta que  el amor nos desborde  sin escrúpulo alguno y el lenguaje se burle de nosotros desconsideradamente. Será entonces cuando sus palabras vendrán a socorrernos, cuando nos encontremos en esas descripciones sencillas, profundas   y certeras sobre nuestra condición humana. Sus manos, ávidas de dar,  nos cobijarán ante los enigmas de la muerte, la injusticia, la soledad, el amor, la miseria, la esperanza y tantos otros avatares.

Vivir / después de todo/no es tan fundamental/ lo importante es que alguien/ debidamente autorizado/ certifique que uno/ probadamente existe

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Quién hubiera dicho/que estos poemas míos/ iban a ser/ de otros

Benedetti se abraza a los  pueblos. O, mejor dicho, los pueblos se abrazan a él. Muchos nos tomamos el atrevimiento de considerarlo un compañero incondicional en nuestros caminos. Si hasta nuestras luchas toman coraje porque las sentimos similares a las de él. Él, que sabe ofrecer a la poesía como una apetencia inevitable  de nuestras entrañas. Que es el poeta uruguayo más leído en todo el mundo, y el más cantado en el habla hispana. Que es cuestionado inútilmente por los intelectuales que rotulan como cursilería a la evocación de palabras  francas e intensas que son reconocidas por hombres y mujeres comunes, que nunca harían de la altanería un estandarte.

Los pueblos están conmovidos. Publicaciones en el multitudinario facebook y cadenas de mails lo confirman. Allí el rótulo que se la adjudica al poeta, el de ser el “Padre Nuestro Latinoamericano”, toma auge en las expresiones espontáneas: ¡tan uruguayo y tan argentino como Gardel!/ Más q un best seller, será un long seller/Adiós, Mario: Gracias por el fuego

No conoce  fronteras el duelo por la tregua del poeta, así como tampoco sabe de límites la expansión de sus palabras. Palabras que la gente hace suyas y  que resurgirán eternamente.

No olvides que tu rostro/ me mira como pueblo/ sonríe y rabia y canta/ como pueblo/ y eso te da una lumbre/ inapagable/ ahora no tengo dudas/ vas a llegar distinta y con señales/ con nuevas/ con hondura/ con franqueza

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 ¿Qué les queda por probar a los jóvenes/ en este mundo de rutina y ruina? no dejar que les maten el amor/ recuperar el habla y la utopía /ser jóvenes sin prisa y con memoria

Remontarse a la biografía de Benedetti es corroborar la puesta en práctica de su prédica, que tuvo como bandera   aquello de “defender la alegría como un destino”. Aunque la infancia y la adolescencia no fueron generosas con él, se hizo amigo del optimismo pese a las tristezas que azoten.

Es artífice de una vasta producción intelectual: escribió más de 80 obras entre poemas, novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro, crónicas de humor y guiones de cine. Siempre comprometido con los ideales políticos de izquierda,  fue un  incansable defensor  de los derechos humanos. Trabajó como periodista y logró dirigir uno de los semanarios más importantes de América Latina. Defendió el desarrollo de la cultura, fundó e integró la generación de escritores del 45, encargados de elaborar la identidad de la literatura uruguaya.

Padeció el exilio durante doce años, época en la cual se familiarizó con el “llavero de la solidaridad”: cuando la persecución política lo intimidaba hasta lo impensado, un par de amigos le dejaban  las llaves de sus hogares  de manera desinteresada.

Las palabras esperanzadoras que dedica a la juventud son las mismas que él logró convertir en acción  no sólo cuando fue joven, sino toda su vida.

Situarse en una historia que es la suya/ no convertirse en viejos prematuros/ descubrir las raíces del horror/ inventar paz así sea a ponchazos /sobre todo les queda hacer futuro

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Llegaste temprano/ demasiado temprano/ a una muerte que no era la tuya/y que a esta altura no sabrá que hacer /con tanta vida

Los que dicen que se murió, afirman que fue hace unas horas atrás, cuando el poeta aprendía a convivir con sus 88 años.

Benedetti, incansable, desafiando a quienes ven a la vejez como una etapa infructuosa, estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título iba a ser “Biografía para encontrarme”.

Su biografía quedó inconclusa cuando el escritor decidió tomarse de tregua. Pero la tregua fue estratégica: es que acaso no haya mejor manera de encontrarse que en la mirada del otro.

Él mismo afirmó: “Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que lo que escribo le haya tocado el corazón a esa gente, a ese pueblo, a ese hombre de a pie”. Y Benedetti, que siempre estuvo cerca de los pueblos, quizás entendió que la mejor manera de encontrarse es cuando los pueblos lo leen, se apropian de sus palabras, las resignifican, las gastan, las consideran sus compañeras incondicionales.

Los que dicen que ya no está entre nosotros, afirman que no se salvó de la muerte. De esta afirmación una parte, sólo una parte, es certera: la que confirma que no se salvó. Pero  que no se ilusionen los falsos profetas: no se salvó, pero no de la muerte.

No te quedes inmóvil/ al borde del camino/ no congeles el júbilo/ no quieras con desgana/ no te salves ahora/ ni nunca/ no te salves/ no te llenes de calma/ no reserves del mundo/sólo un rincón tranquilo/ no dejes caer los párpados/ pesados como juicios/no te quedes sin labios/ no te duermas sin sueño/ no te pienses sin sangre/ no te juzgues sin tiempo/ pero si/ pese a todo/ no puedes evitarlo/ y congelas el júbilo/ y quieres con desgana/ y te salvas ahora/ y te llenas de calma/ y reservas del mundo/ sólo un rincón tranquilo/ y dejas caer los párpados/ pesados como juicios/ y te secas sin labios/ y te duermes sin sueño/y te piensas sin sangre/ y te juzga sin tiempo/ y te quedas inmóvil/al borde del camino/ y te salvas/ entonces no te quedes conmigo

Bendetti afirmó que la vida es un paréntesis entre dos nadas y, por eso mismo, hay que vivir como inmortales. Si en ese paréntesis se pudieran poner contadas palabras que den cuenta de su paso por este mundo, quizás mi descaro sea compartido:

(somos hambrientos desde el vamos/ y lo seremos hasta el vámonos)

/Por Sol Aguirre- para semanario “El Regional” y Agencia Cba Noticias- mayo 09/

http://www.cbanoticias.net/cultura/benedetti-y-la-paradoja-de-los-mortales-inmortales/247019