Archivos de la categoría ‘Juicio a Videla y Menéndez’


 “Las palabras nunca son lo mejor para estar desnudos”

 (L. A. Spinetta- Las habladurías del mundo)

 


 Perpetua a Videla y Menéndez: crónica de la dignidad

Fotografías: Gabriela Bazán y Gabriela Ameri

Eran las 15 y algo, casi 16 cuando el sol quemaba avenida Concepción Arenal. La calle ancha comenzaba a poblarse de chicas y chicos, gente con fotos colgando de sus pechos, banderas, cartelitos y cartelones. L@s jóvenes llegaban  puntuales, entonando cánticos, jugándole una pulseada al calor con una actitud fresca y adolescente. Unos minutos más tarde se sumaron las familias, con niñ@s y abuel@s incluíd@s.

Se montó un escenario frente al edificio que dice en la fachada Poder Judicial de la Nación, Tribunales Federales. Se armó también un recorrido fotográfico con una piolita que tenía la cara de muchas y muchos que estaban presentes mirando qué iba a pasar.

El gentío empezó a amontonarse para las 16 y pico y tod@s junt@s empezaron a cantar y a palabrear. Vari@s murgueros se movían al ritmo de los tambores, contagiando la alegría y robando una sonrisa a l@s que estaban cerca. Otr@s, en ese mismo instante, derramaban lágrimas o quedaban con la mirada perdida frente a las siluetas que representaban a los desaparecidos,  siluetas llenas de dibujos y  palabras.

Canción urgente para los desaparecidos

juicio videla menendez cordoba

“Siga el baile, siga el baile,
al compás del tamboril
Que Videla se va a Bouwer
Con Luciano Benjamín”

Más de mil personas se acercaron a decir que una lucha larga, desigual y de corazón tenía su día hoy. Vinieron a cantar bien fuerte para que escuchen esas bestias de muerte en la sala del juicio. Bestias que, a pesar de los golpes y los caídos, no nos han vencido.

Lápices y hojas en blanco  comenzaron a desparramarse en la vereda, l@s niñ@s se juntaron alrededor. Una nena empezó su dibujo con un sol que sonreía, invitando a imaginar como sería el sol  de ese día si tuviese cara con formato humano.

L@s más grandes se ubicaron a la sombra, se sentaron en el cantero, compartiendo un mate o un sorbo de agua, comentando sobre lo que vendrá, sobre ese ansiado momento que ellos estuvieron esperando durante años. Así andaban los presentes: compartiendo gestos, besos,  abrazos, sonrisas y también lágrimas.

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Una de las abuelas presentes repartía el diario “Será Justicia” mientras se tapaba la cabeza para paliar el sol. Un joven, con el diario en mano, le preguntó a otro: ¿Será Justicia?. El otro respondió que sí, que confía en que habrá justicia.

Cerca, muy cerca, algun@s representaron la represión que se vivió la semana pasada frente a la Legislatura. Eso también avisa y alerta que la lucha por  los derechos humanos enfrenta desafíos todo el tiempo. Distintas imágenes, colgadas de un hilo, exhibían la brutalidad con que la policía cordobesa reprimió a los estudiantes durante la aprobación de la Ley de Educación Provincial, vestigios recientes de aquella época infame.

El locutor, desde el escenario lleno de caras en blanco y negro, le pedía a la gente que gritara más fuerte. Que hoy es día de celebrar y, conforme a esa mala costumbre del Cono Sur, día de revivir. Por eso, el que no salta es un botón y el que no salta es un militar, porque hay que contarle a todo el mundo que Argentina hoy da un ejemplo de vida, de justicia y de democracia.

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Hubo chispazos entre las humanidades que se juntaron: nació la risa, la palabra cambiada, el abrazo.  Con rapidez y facilidad se contagió el clima de momento grande, de tarde inolvidable, de historia escribiéndose. Por eso había una cámara cada cinco o seis que uno cruzaba. Por eso se cantó el himno. Por eso gritaban que viva la patria y que se pudran en la cárcel los asesinos de hijas, hijos, padres y madres. Por eso, se pedía JUSTICIA Y MEMORIA.

No lo soñamos

Un estertor mudo del parlante generó un silencio hondo. Se apagaron por un momento los repiques, los aplausos y las voces y uno podía jurar que en el aire corría una electricidad distinta. Era tiempo de escuchar.

Tres pantallitas mostraban lo que pasaba en la sala y cuando enfocaron esos bigotes, despertaron indignación. Eran las 17.42 exactas y todos los ojos apuntaban a las pantallas; seis meses esperando este momento, más de 30 años esperando este día. Empezaba la lectura de la sentencia y hubo quien bajó la mirada, estaban los que se daban una palmadita y se abrazaban y los piecitos en punta que se asomaban  como diera el lugar  para tratar de mirar algo.

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La multitud presente dejó de hablar  y quedó inmóvil. Cuando la inmovilidad se rompió, quedó demostrada la tensión del momento: manos que prendían un pucho, manos que se apretaban, manos que tendían un abrazo, manos que parecían preparase para aplaudir,  otras que se alistaban para ser levantadas y cortar el aire con el puño en alto, gesto que sintetiza la lucha que implicó llegar a un día como hoy.

La sentencia empieza a darse a conocer. Los periodistas de todo el país centran sus cámaras en la pantalla que transmite las caras de los imputados mientras escuchan sus penas, y en las personas presentes. Adelante, contra las vallas, familiares de las víctimas escuchan con atención las palabras del Juez.

El magistrado empezó por no hacer lugar a los pedidos-pataleos-manotazos de la defensa: no hay incompetencia del Tribunal, no es cosa juzgada, no es inconstitucional. La gente esperó que avance el veredicto, pero ya apretaba las manos y levantaba las fotos de sus muertos y sus desaparecidos para que presenciaran, de alguna forma, eso que estaba pasando.

El juez dijo el nombre de Videla, dijo que es autor mediato, determinador y penalmente responsable por la muerte de 32 personas. El juez tomó aire y dictaminó: prisión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua. Cuando pronunció la segunda palabra, el festejo de las almas afuera fue ensordecedor: aplausos, gritos de alegría, abrazos.

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Ante el anuncio de cadena perpetua a Videla y Menéndez la gente grita, festeja, se abraza, llora. Los fotógrafos más sensibles preparan su macro, saben que en ese momento la emoción llega hasta la piel. Hacen foco en esas pieles de gallina, en esas pieles de familiares que pusieron cuerpo, alma y vida para que un momento como este dé vuelta una página en la historia argentina.L@s presentes manifiestan su alegría cuando las sentencias cumplen con sus expectativas, cuando la palabra “perpetua” o “cárcel común” resuena en los televisores que hay afuera de la sala. En los momentos en que esto no sucede, cuando se escucha “absuelto”, o “se determinará si su salud le permite estar en una penitenciaría” las caras se indignan, las frentes quedan bajas, los ojos cerrados. El llanto no discrimina emociones, se derrama por igual, sea por la esperanza cumplida o por las esperanzas que aún esperan.

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Algun@s le hablaban a las fotos, a las personas en las fotos: “Te tengo que contar lo que pasó hoy”. Otr@s se mordían los labios y cerraban los ojos como si no dieran crédito a lo que estaba pasando. Y volvió el festejo y el canto con las manos entrelazadas, con los ojos como cristales. Allí también se encontraron recuerdos y miradas que hablan de la dignidad de est@s luchadores, los de hoy y los de ayer.

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La alegría que nació del dolor

El Juez anuncia que el juicio llegó a su fin. Tod@s se abrazan, las lágrimas de un@s caen sobre el hombro de otr@s y quienes estamos registrando este momento histórico nos preguntamos cuán fuerte se sentirá el latir de esos corazones mientras dura el abrazo.

Sale el abogado querellante Claudio Orosz , saltando –literalmente– de la alegría. Se posa frente a los representantes de Derechos Humanos y canta lo que antes cantaban l@s pib@s: “¡¡¡Siga el baile, siga el baile al compás del tamborín, que Videla se va a Bower con Luciano Benjamin!!!”. La gente salta y corea junto a él. L@s periodistas se le acercan, lo invaden con los micrófonos, pero él sigue saltando y cantando.

Una reportera insistente le pregunta si hubo justicia. Orosz, con la voz agitada, responde que sí, que hubo justicia. Que todavía falta para que se haga justicia completa, pero que hay más juicios por delante y permitirán acercarse a esa posibilidad. Martín Fresneda, otro de los abogados querellantes, sale de Tribunales con una mano en alto mientras con la otra sostiene el cigarrillo que fuma airoso, contento. También se acerca a las vallas y comparte la alegría con los familiares presentes. Se funde en un abrazo con Orosz, se miran, se ríen y después posan para la foto en la que esperaban estar así, con la sonrisa entre dientes.

Otra foto, como esta, quedará para la historia: es la que se sacan juntos todos los testigos que pasaron por este juicio. Levantan los retratos con los rostros de sus compañer@s desaparecidos. L@s que posan con algería indisimulable son l@s sobrevivientes de las atrocidades que cometieron los torturadores hoy sentenciados. Atrocidades que dejaron en el camino a sus compañer@s, es@s mism@s compañeras que muestran en las imágenes. La fortaleza los cubrió con la integridad necesaria para seguir adelante, pero ahora algun@s la dejan a un costado y lloran, como quien diría, “a moco tendido”.

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Las abuelas andan por ahí con sus pañuelos blancos saludando a l@s que vinieron a acompañar, desahogando la emoción en lágrimas, salando sus heridas, resguardando lo duro de tantos años de lucha en la satisfacción de un abrazo parido por esa tranquilidad de saber que much@s asesin@s ahora estarán tras las rejas.

El desafío abierto

Mientras esto pasaba, el juez seguía con la lectura de la sentencia. La cadena perpetua no es sólo  para  Videla y Menéndez , se suman también otros 14 verdugos, entre los cuales se cuentan policías. Quedará para el análisis la sombra que se proyectó con los casos que fueron absueltos y que empañaron el clima de alegría colectiva que se vivía. Sin embargo, lo que se experimentó esta tarde frente a Tribunales fue una jornada histórica. Anima a pensar en nuevas acciones judiciales que exploren las conexiones con otros espacios y sectores de la sociedad que tuvieron responsabilidad durante la dictadura.

Esa red de alianzas y complicidades quedó al descubierto. Develar esa trama es el desafío que enfrenta la Justicia, los organismos de Derechos Humanos y tod@s los que pelean por escribir la historia. Otro paso se dio hoy en Córdoba, uno muy importante. Es una nueva esperanza  para pensar y creer en la memoria como motor imprescindible y necesario para una historia más límpida, con más justicia, con menos crueldad.

Publicado en Cba Noticiashttp://www.cbanoticias.net/noticias/perpetua-a-videla-y-menendez-cronica-de-la-dignidad/2645123


Por Sol Aguirre | saguirre@cbanoticias.net 

Síntesis de notas originales publicadas en: www.cbanoticias.net/category/juicio-a-videla

Fotografías: Facundo Martínez | fmartinez@cbanoticias.net

Las palabras y miradas que se compartieron en el desarrollo del juicio a Videla y Menéndez forman un mosaico de relatos que hablan de la larga noche que se vivió a partir de 1976 en nuestro país. Intimidaciones, amenazas, aprietes. Torturas, secuestros, asesinatos a sangre fría. El Estado todo organizado para encontrar y destruir. ¿Quién podrá decir mañana que ese ayer no existió?

Estos son algunos de los testimonios más fuertes, nunca sobran las palabras para decir NUNCA MÁS.

El día que Urquiza apuntó contra Aguad


Día 8
Luis Alberto Urquiza al momento de su detención, 12 de noviembre de 1976, se desempeñaba como agente del departamento de Informaciones Policiales (D2) y estudiaba psicología. Lo acusaban de infiltrado y de haber robado armas.
Quien es querellante y testigo en la causa Gontero, contó sobre el día de su detención. Relató que el suboficial Salgado llegó a su casa de Villa Allende y le pidió que lo acompañara porque Telleldín necesitaba hablar con él. Cuando entraron a la guardia, le solicitaron que entregue el arma y con las esposas puestas lo llevaron a una pieza donde lo empezaron a ahogar con agua.
El testigo reconoció a los imputados Yanicelli y Jabour como algunos de sus torturadores. Dijo que el lunes 15 de noviembre, tres días después de su detención, lo colocaron vendado en el centro de un grupo de hombres que lo pegaron y cuando se caía lo levantaban de los pelos.
Urquiza contó que al ser liberado viajó a Dinamarca por su seguridad y volvió en el 97. Ese año se enteró que Yanicelli seguía trabajando en la policía de Córdoba, “era jefe de inteligencia criminal”. Al conocer esto se acerca al diputado Casioli quien se encargaba de una investigación sobre los cuerpos enterrados en San Vicente.
Luego se acercó a quien en su momento era ministro de seguridad, Oscar Aguad. Después de que el testigo apareció en varios medios presentando su indignación por la continua actividad de Yanicelli, Aguad le dijo que “usted hace un perfil bajo o yo no le puedo garantizar su seguridad (…) yo no puedo hacer una sangría en la policía o se me levanta la infantería”.
Por amenazas continuas volvió a Dinamarca.

Martín Mozé, sobre su papá desaparecido: ¿Lo mataron por cristiano?, ¿por peronista?, ¿por Montonero?

 

miguel angel mozeDía 15
Martín, hijo del desaparecido Miguel Ángel Mozé, relató como recuperó su identidad, a fines del año pasado y luego de un extenso juicio de filiación en el que estuvo acompañado por su familia materna, la Comisión Homenaje a la UP1, Abuelas de Plaza de Mayo e H.I.J.O.S.
“Yo no fui un joven apropiado pero no tuve la infancia de cualquier chico. No jugué con mis primos, no conocí a mi abuela”, luego de varias preguntas Martín aclaró: “Mientras yo estaba en el vientre de mi mamá, mi papá viajaba en el avión con Perón desde España”.
Pasados algunos minutos del relato, el hijo de “el chicato” nos dio a conocer la historia de su padre y lo hizo con una catarata infinita de preguntas que aún no encuentran respuestas: ¿lo mataron por cristiano? ¿por peronista? ¿por montonero?.
 
 
Miguel Ángel Mozé nació en Cruz del Eje, fue seminarista en Jesús María. Luego vino a Córdoba y estudió en la Escuela de Ciencias de la Información y siguió con el Seminario Mayor. En la Universidad Católica de Córdoba participó en el AES y perteneció a la teología de la liberación, buscaba y militaba por la distribución real de la riqueza y la justicia
Llegó a ser el Presidente de la Juventud Peronista y uno de los principales activistas de la lucha Perón Vuelve.
Según lo narrado por Martín, antes del llamado de la morgue, la familia materna se enteró por un titular de La Voz del Interior: “Subversivos intentan huir de la UP1”. Y fue allí cuando su tía y su abuela tuvieron que ir a reconocer un cuerpo de un joven de 27 años torturado y con un tiro en la cabeza. El titular decía subversivo.
 “¿Qué es ser subversivo?”, se preguntó Martín y se respondió: “Si es ir en contra, si es buscar la igualdad, el amor, la distribución, la paz; hay muchos subversivos”.

“Charo” Muñoz: “Estando estaqueada, me tiraban agua y me quemaban con cigarrillos”

Día 30

La primera testigo en declarar  ese día fue María del Rosario Miguel Muñoz, alias “Charo”, quién durante su cautiverio en la Unidad Penitenciaria Nº1 fue estaqueada en el patio de dicho establecimiento por órdenes del teniente Alsina. Este método de tortura fue aplicado días después al detenido René Moukarzel.
Muñoz fue detenida en diciembre de 1975. “El día de mi detención estaba estudiando para rendir un examen, en un momento me dormí y cuando desperté tenía en frente a 8 personas que me apuntaban con armas y me empezaron a golpear”, relató la testigo. Luego fue trasladada en un auto al Departamento de Informaciones D2.
El 14 de abril las detenidas son retiradas de sus celdas y llevadas al patio, las pusieron contra la pared, comenzaron a acosarlas y las hicieron desnudar. Luego las llevaron nuevamente a las celdas y las dejaron sin sus pertenencias, sólo con la ropa que tenían puesta.
Según la testigo, tanto los militares, como los gendarmes, les realizaban a las detenidas requisas vejatorias y maltratos  físicos y psicológicos. “Cuando almorzábamos muchas veces nos metían la cara dentro del plato de sopa caliente, también nos cortaban el pelo”, indicó.
“Nosotros fuimos torturadas por los suboficiales que se ilustraron de una manera monstruosa. Luego se convirtieron es asesinos fusilando a las compañeras”.
La declarante narró los traslados de las detenidas que luego fueron fusiladas en simulacros de enfrentamientos o en falsos intentos de fuga.
Respecto al Teniente Alsina, comentó: “Un día Alsina me apartó de las demás detenidas y me dijo que yo no tenía cara de guerra. En el plan de exterminio, no sólo mataban a las personas sino también los atacaban moral y psicológicamente”.
A finales de junio la testigo fue trasladada por orden de Alsina al calabozo de castigo donde mantenían a los detenidos a pan y agua. Luego de permanecer 8 días en esas condiciones una celadora le alcanzó un plato de comida en secreto, hecho que hizo enfurecer a Alsina. Ahí la detenida fue llevada al patio y estaqueada al suelo.
Charo Muñoz  comenta la brutalidad a la que se sometía a los detenidos. “Estando estaqueada me tiraban agua y me quemaban con cigarrillos, en un momento trajeron a dos compañeras a las que hicieron pintar las paredes del patio con cal a mano desnuda y a otra le pedían que me echara agua. Vi en ese momento su cara de horror pero le dije: hace lo que él te dice, para que no la castigaran a ella también”.
Durante este episodio había familiares visitando a los presos comunes, por lo que María del Rosario Miguel Muñoz comenzó a gritar para que la escucharan. En ese momento, le colocaron una soga al cuello para provocarle asfixia. La tortura duró aproximadamente seis horas.
“Los militares tuvieron la suerte de tener enemigos intelectuales, trabajadores y estudiantes formados y de buena familia”.  Después de dejar claro quienes eran los enemigos de los militares, Muñoz comenta su deseo:” Espero que el estar ahora frente a la Justicia les genere lazos que los acerquen un poco más a la humanidad”.
Al día siguiente, realizan nuevamente el traslado directamente a Buenos Aires, al Penal de Devoto.  Allí permaneció hasta 1979, año en el que recuperó su libertad.

“Charlie” Moore: “Nunca participé ni entregué a nadie, me explotaron como a un esclavo”

 

charlie moore
Día 32
La audiencia número 32 del juicio a Videla comenzó con una particularidad nunca antes vista en este juicio. Desde Inglaterra, y mediante el sistema de videoconferencia, brindó su testimonio Carlos Raimundo “Charlie” Moore.
Este hombre es un ex militante del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP) señalado por numerosos testigos de este juicio como colaborador activo de la represión ilegal. Según los testigos,  estando alojado en el D2 durante la dictadura, “Charlie” Moore habría realizado violentos interrogatorios y participado en las sesiones de tortura.
“Jamás pensé que iba a llegar el día en que yo pudiera contar mi historia”, fueron las palabras con las que rompió el hielo “Charlie” Moore y comenzó con su tan esperado testimonio.
“Charlie”, que permaneció 6 años detenido en la D2, fue testigo presencial de múltiples episodios de torturas y muerte y añadió que tenían particular saña hacia las mujeres.
“El trato en el D2 era inhumano, al principio no nos daban comida, se la habían agarrado conmigo por la trayectoria que yo traía (…) El trato a las mujeres era peor que a los hombres, se ensañaban. Las prácticas eran el submarino, la picana (…) La “Cuca” Antón torturaba a mi mujer sin interrogarla, la picaneaba y se reía”.
Luego de ésto, Moore describió numerosos casos de fusilamientos en el mismo D2 y fue testigo del episodio en el que el policía detenido Urquiza recibió un disparo en la pierna que luego fue presentado como un enfrentamiento entre éste último y su torturador.
“Mataron a 2 chicos y una chica en el otro patio y al mismo tiempo mataron a otra que estaba detenida por averiguación de antecedentes. También recuerdo el caso de una detenida ítalo-argentina que fue traída por Romano, Flores y otros más. A ella le arrancaron la mitad del cráneo de un escopetazo a quemarropa y además la remataron con una 45” relató el testigo.
También presenció el episodio que derivó en la muerte de Diana Fidelman. Moore aseguró que de todas las detenidas que pasaron por la D2 con Fidelman fue con la que más se ensañaron por ser judía.
La declaración del controvertido Charlie Moore dio que hablar en el juicio.

Oscar Samamé: “Me impresionó la mirada del gato Gómez, era diabólica”

 

oscar samame
Día 37

La trigésimo séptima audiencia del Juicio a Videla, realizada en los Tribunales Federales Nº1, comenzó con el testimonio de Oscar Samamé. El testigo es abogado y fue detenido en 12 de noviembre del 76.
Samamé es retirado de su domicilio por personas de civil, que pertenecían al Departamento de Informaciones D2, y trasladado en un Peugeot blanco a la sede de Informaciones. “Estuvimos siempre vendados y esposados. A un detenido, Urquiza, le pegan un tiro aduciendo que se quería fugar”, declaró.
“A mi hermano Horacio lo detienen antes que a mí, cuando llego a informaciones me encuentro con él, estaba muy maltratado. No lo podía ver pero sabía que era él, me dijo que estaba bien” sostuvo Samamé.
5 de noviembre. La noche que ocurre el episodio de Urquiza el personal de la D2 estaba de festejos por el día del policía. El testigo afirmó que Gontero le dijo otro oficial  que le había disparado a Urquiza porque el detenido había intentado arrebatarle la pistola. “Yo lo pude ver a Urquiza porque lo tiraron en un baño” afirmó Samamé.
Sobre el “Gato” Gómez afirmó:
“Un día me llevan a una oficina en donde me levantan la venda y puedo ver a una persona que después me enteré que era el gato Gómez. Me impresionó su mirada, era una mirada diabólica”.

Luis Baronetto: “Toda la trama de complicidades, aunque no les alcance el perezoso brazo de la justicia, va a quedar en evidencia”.

 

vitin baronetto
Día 3
El proceso judicial en marcha toca muy de cerca a este funcionario municipal, ya que aquí se juzga también el asesinato de su esposa Marta Juana González de Baronetto, quien era maestra y catequista, militaba en Montoneros e integraba el Partido Peronista Auténtico. Marta fue detenida en agosto de 1975 junto a su esposo, llevada al D2 y luego trasladada a la Unidad Penitenciaria Nº1.
Entonces, en lo que fue la seguidilla de acontecimientos, el 11 de octubre de 1976, a los 26 años y poco tiempo después de dar a luz,  Marta Juana González de Baronetto fue asesinada en un fraguado intento de fuga junto a otras 6 personas: Jorge Oscar García, Pablo Balustra, Florencio Esteban Díaz, Miguel Ceballos y Oscar Hubert. Además, también está bajo la lupa el nacimiento de su hijo en cautiverio, Lucas Ariel, en julio del ´76 en la UP1.
Así, el funcionario accedió a dialogar con CbaNoticias en uno de los momentos que dejan las extenuantes audiencias por la causa UP1 y Gontero. Y entre una de sus primeras afirmaciones dijo: “Para mí, (este juicio) es positivo, porque de alguna manera viene a saldar una deuda de 34 años que tenía la Justicia Federal de Córdoba”.
Por otra parte, Baronetto remarcó la particularidad de la causa en lo que respecta a la “abundancia de pruebas”, debido a que las víctimas fueron personas legalmente detenidas que fueron retirados de la cárcel.

Trama de complicidades

Pero lo realmente llamativo de la causa -según el funcionario- es la “trama de complicidades” que en definitiva facilitó el accionar de la última dictadura militar. “Me parece que viene a poner sobre el tapete que el terrorismo de estado fue aplicado, ejecutado por las Fuerzas Armadas y consensuado por un sector importante de la sociedad argentina”, asestó Baronetto. Además, afirmó que siempre ha habido una parte que saca provecho de su relación con los estamentos de poder, que cuando no ha podido “en el marco de la democracia”, ha apelado a las fuerzas armadas.
Por eso recalcó algo que se viene escuchando en varios de los testimonios alusivos a la causa, que “esos sectores van a aparecer en este juicio como cómplices y beneficiarios del terrorismo de estado”.
De esta manera habló de la rememoración de jueces, secretarios de juzgado, defensores oficiales. Además se refirió a los “responsables políticos”, que ya en el marco de la democracia “lejos lejos de promover alguna investigación judicial, como son todos los delitos que cometieron los de la D2, los ascendieron”. Así nombró por ejemplo la situación del actual imputado Yanicelli, que recién fue dado de baja en 1997 con el grado de Comisario Mayor.
En sintonía con esto, Baronetto fue optimista y dijo que en el debate va a aparecer toda esta “trama de complicidades”.
“Pero esto, lejos de ser un dato menor, cobra vital importancia, porque sino pareciera que los militares pudiesen haber matado a tanta gente sin que nadie dijera nada. Y en realidad sí, dijeron. Muchos sectores dijeron que sí, que había que matar, que había que aniquilar. Y eso sectores, aunque no les alcance el perezoso brazo de la justicia, va a quedar en evidencia que fueron cómplices”.


Por Sol Aguirre |saguirre@cbanoticias.net

Día 17
La audiencia de este miércoles fue conmovedora. Las visitas ilustres continuaron con la presencia del teólogo brasilero para la liberación Leonardo Boff e integrantes del Movimiento Campesino de Córdoba.

Diferencias entre los testimonios

A las 10.40 declaró Omar Farías, gendarme que cumplió tareas en la UP1 durante el 76. Su testimonió causó controversia porque fue diferente al de Enrique Asbert, legislador provincial por la Concertación Plural. El día martes el testigo Asbert lo había mencionado a Farías al afirmar que fue él quien le ordenó hacer flexiones. Tras esta situación Asbert habría quedado tendido en el piso mirando la escena en la cual asesinaron a Bauducco. El ex gendarme negó las palabras de Asbert, desconociendo esta escena. Por este motivo, la fiscalía y las querellas pidieron un careo entre los declarantes. El pedido fue rechazado por el Tribunal, que solicitó una investigación aparte para saber quién está diciendo la verdad.

Carlos Ávila: “El terror continúa hasta hoy”

Carlos Ávila (68) fue el encargado de realizar un recuento de lo vivido durante su detención, que duró desde mayo de 1975 hasta octubre 1983. El testigo relató que cuando lo detuvieron no supo adonde estaba y que durante esa época “se vivieron momentos muy difíciles”. El hombre, por aquel entonces obrero del sindicato petrolero, comentó que lo llevaron encapuchado a una pieza donde lo golpearon a puñetazos, con gomas y zapatazos. “Me sacaron la capucha y vi a tres personas, a dos las conocía. Uno era ‘Charlie’ Moore y otro era ‘Pipo’ Romero”. Sobre Romero dijo que “era un hombre que había pertenecido a una organización política y aparentemente se habría quebrado y estaba colaborando con la tortura”.

Ávila relató cómo lo golpearon, hasta que lo desnudaron atándolo de pies y manos contra una cama.

“Alcancé a ver un aparato rojo con un reloj y muchos cables. Conocí la picana”, reveló. El testigo dijo que cada vez lo picaneaban más, incluyendo sus genitales. “Sentía que el cerebro me estallaba, hasta que no di más”.

Vinculó esta tortura a la fuga del Buen Pastor, que se habría dado esa misma noche y sobre la cual lo interrogaban, aún cuando él afirmaba desconocer el hecho.

Luego lo llevaron a una sala de primeros auxilios, donde determinaron que tenía tres costillas rotas. Lo trasladan a la D2, donde conoce a la `Cuca´ Antón, quien le informó que le iban a tomar declaración. Allí le advirtieron “firmála sí o sí, sino te reviento”.

El testigo aseguró que lo dejaron tirado en el patio, donde había otros presos, entre quienes recordó a `Coni´. Ávila relató la amenaza que este joven sufrió por parte de `Charlie´ Moore, quien le afirmó: “quizás zafes de ésta, pero escondéte porque cuando te vuelva a ver te reviento.” También recordó la presencia de una mujer mayor, `La Tía Pereyra´, que era “muy torturadora”.

De allí lo llevaron a la Penitenciaría de San Martín, lugar en el cual no lo recibieron debido al estado de deterioro en el que estaba. Pasó por la Cárcel de Encausados y luego fue destinado a la UP1.

El declarante rememoró la muerte de Cristian Funes y de René Moukarzel.

Se refirió a la cruenta tortura que en pleno invierno padeció Moukarzel: “Se le reventó el corazón por estar a siete grados bajo cero”.

Un guardia cárcel, que era de Frías y conocía a la familia de Moukarzel, le dijo que no sabía cómo le iba a explicar a la familia lo que le había pasado y le confió que el teniente Alsina lo había matado. Ávila afirmó: “Sobre Alsina se han dicho muchas cosas. Siempre lo han caratulado como un tipo muy agresivo, al que no le interesaba si la persona quedaba tuerta, amarilla o verde”.

Respecto a la manera en que fueron torturados, sentenció: “No eran hombres, eran mentes asesinas vestidas con uniformes militares”. Para no dejar dudas respecto a sus dichos, el testigo comentó los sufrimientos que soportó junto a sus compañeros cuando los arrojaron al piso, que tenía olor a cloaca. “No podía respirar. Me pegaron y me dijeron que levante la cabeza” Continuó detallando las consecuencias de la golpiza que le dió un militar: “Cuando levanté la cabeza me pegó una patada y me estrelló la cara contra el piso”. Entonces quedó con la nariz y un diente quebrado, sin poder abrir la boca y sangrando. Al pedir un médico el guardia lo llevó “cuerpo a tierra” hasta el hospital.

El declarante relató cómo murió Raúl Bauducco durante la requisa masiva en el patio de la UP1, cuando “por más de setenta y dos horas” obligaron a los detenidos a estar parados, con los brazos en alto. Ávila afirmó que en ese momento un cabo -de quien luego sabría que era Miguel Ángel Pérez- golpeó a los presos, aunque a `Paco´ Bauducco lo desmayó. Le ordenó que se levante pero, según dichos del testigo, “Bauducco no se levantaba porque después de estar tantas horas con los brazos hacia arriba contra la pared los brazos no le reaccionaban, no los podía mover.” El cabo Pérez amenazó con matarlo si no se levantaba, consultó con el teniente Enrique Pedro Mones Ruiz y concretó su amenaza, fusilando a quemarropa a Bauducco.

Sobre Pablo Balustra comentó que “quedó hemipléjico” porque “en una requisa habían encontrado un cigarrillo, aparentemente debajo de su cama”. Entonces “le pegan a Balustra con un botín, querían hacer que se levantara y no se podía levantar”.

Para cerrar su testimonio, Ávila manifestó que “uno se vuelve a encontrar con el horror”. Ejemplificó esto con su propia experiencia, ya que se casó con una mujer que durante la última dictadura estuvo detenida. “Violaron a la hermana de mi mujer, que era menor, le desaparecieron a dos hermanos, le quemaron la casa de su familia, los Casas”. Luego advirtió que “el terror continúa hasta hoy” ya que a los militares “tienen la posibilidad de verlos acá sentados, mientras nosotros buscamos a nuestros desaparecidos”.

 Carlos Ríos: “Fue una masacre a palos”

Continuó el testigo número 27 del juicio, Carlos Ríos, quien era miembro del Sindicato de Automotores Perkins. El declarante afirmó que cuando los militares iban a los pabellones 6, 8 y 9, donde estaban los integrantes de gremios y organizaciones, “entraban y nos molían a palos”. Tenían “palos de caucho con pila y tachas en la punta, con eso nos daban descarga eléctrica”.

Fue él quien se encargó de detallar el asesinato de Bauducco, con quien estuvo en la UP1.Relató que hubo requisa en el Pabellón 6, en donde llevaron a los detenidos al patio, “los hicieron desnudar y les dieron una paliza tremenda.”

Allí vio cómo le pegaban a todos, “fue una masacre a palos”. Pero a Bauducco le daban en la espalda y en la cabeza, por lo que “quedó semi inconsciente, con el homóplato fracturado, en el piso”. Al igual que la declaración de Ávila, Ríos afirmó que tras la orden del teniente Mones Ruiz el cabo Pérez “caminó hasta donde estaba Bauducco y le hacía señas para que se levantara, sacó la pistola y le metió un balazo en la cabeza”. El testigo explicó que la situación le pareció increíble: “Yo creía que era un simulacro de fusilamiento pero no, era cierto”.

La percepción de Ríos no es casual. Coincide con el relato de Ávila que da título a esta nota, la idea de que tanta crueldad parece inhumana. Pero lo lamentable es que fueron hechos reales y humanos. Y por eso merecen justicia.

Fotografía: Archivo CbaNoticias / Facundo Martínez

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Día 15
“Quiero que mi esposa me recuerde como un héroe”, éstas fueron las palabras finales de Pablo Balustra, quien que quedó parapléjico por las golpizas recibidas en la Unidad Penitenciaria N°1 (UP1). Guillermo Birt, que atestiguó hoy en el llamado “Juicio a Videla” fue el encargado de citar las palabras de Balustra, delegado sindical que tenía 33 años cuando fue asesinado.

Birt, testigo de esta décimo quinta audiencia fue detenido el 30 de abril del 76 en La Ribera y luego lo trasladaron a la UP1. “Ahí fui acometido con un sable por la espalda, me llevaron corriendo y sangrando a enfermería”. Debido a la gravedad de la herida Birt debió ser trasladado al Hospital de Urgencias donde encontró a Balustra en estado de coma, quien tiempo después sufrió otra internación. Birt compartió ocho meses de detención junto a él, período durante el cual lograron formar fuertes lazos: “Me hice amigo de Balustra. Hablábamos de nuestra familia. Era un obrero comprometido, con militancia sindical. Tenía mucho idealismo, estaba convencido de sus principios.”

El testigo aseveró que Balustra le hizo saber las amenazas que sufrió durante su detención. Los militares le habían dicho que “están por hacer volar el paredón del dique y ustedes van a ser los primeros”. Birt recordó que mientras Balustra agonizaba en su camilla mencionó a “un mayor del ejército” como el responsable de las amenazas.

Luego, conmocionado, describió los últimos días de su compañero y amigo: “Antes de su muerte cayó en una pesadumbre muy grande de la que yo trataba de sacarlo, pero él estaba muy cerciorado de que las cosas venían en serio”.

Según Birt, a Balustra “le dijeron que estaba condenado a muerte”. Durante sus últimos minutos de vida, además de las palabras en alusión a su esposa, lanzó un “Viva Perón” con una actitud que fue descripta como “un alarde de grandeza y fortaleza”.

El declarante también compartió las últimas horas de vida de José Moukarzel, sobre quien recordó que “no lo reconocieron ni sus propios amigos” debido a que “tenía el cuerpo morado, negro, con un ronquido terminal”.

Birt confirmó que “la penitenciaría fue la base de la represión del ejército” porque todo el tiempo los amenazaban y les mostraban armas. Con la voz entrecortada hizo alusión a tres casos de tortura de las que fue testigo: Romero,“que vino todo picaneado”; Rosetti, “picaneado de tal manera que los médicos decían que le habían agujereado el pene” y “un gremialista al que ya le había agarrado psoriasis, tenía una llaga impresionante”.

Después le tocó el turno de declarar a Alfredo Mendiolaza, quien estuvo durante 23 meses detenido y afirmó, quebrado, “el daño que me han hecho es irreparable”.

Cuando él ingresó a la UP1 fue testigo de la puñalada que un militar dió a Birtz. Así lo explicó: “La sangre me manchó los zapatos, ellos dijeron ¿viste los que les pasa por escaparse? (…) pero nosotros estábamos adentro de un penal, con gente armada, ¿quién iba a querer escaparse?”.

Mendiolaza describió la incomodidad que uno de los militares sufrió cuando él le dirigió la mirada: “Como eso lo sacó de quicio me dió puntazos en el pecho”. Los dos testigos se refirieron a un cabo, cuya descripción física coincide con la del imputado Miguel Ángel Pérez.

Respecto a las consecuencias que la última dictadura dejó en su vida, el testigo contó que -una vez libre- no pudo recuperar su trabajo en la empresa Renault por orden del Tercer Cuerpo del Ejército, que lo sumó a su “lista negra”.

Tardé 20 años en recuperarme. Mis hijas ya son grandes, no pudieron estudiar, apenas pude alcanzar a darles de comer. Mi mujer quedó afectada de los nervios”, afirmó Mendiolaza. Después de estas palabras, la sala entera se mantuvo en silencio. Fue uno de esos silencios que dicen mucho.

Fotografía: Archivo CbaNoticias / Facundo Martínez

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Fotografía: Facundo Martínez
 
Día 4
 
(CbaNoticias) El martes 13 comenzó la cuarta audiencia del juicio por las causas  conocidas como UP1  y Gontero. Muchos atribuyen a este día connotaciones negativas y, aunque en la sala no hay lugar para las supersticiones, las emociones afloraron en todo momento. No fue para menos: algunos acusados declararon y mostraron la impasibilidad que los caracteriza. Todos afirmaron ser inocentes de los cargos por los cuales se los imputa. La mayoría de ellos decidieron no declarar.
Los que sí lo hicieron demostraron que la vergüenza es una de las cuestiones con las que saben jugar bien a las escondidas. El momento más paradójico del juicio tuvo lugar cuando algunos de los imputados, continuando con una estrategia de defensa repetida, pusieron en duda las actuaciones de  la jueza Garzón de Lascano y el camarista Luis Rueda durante la última dictadura.
 
La jornada tuvo su inicio a  la hora 10:15 con las declaraciones del ex policía Carlos Alfredo Yanicelli, quien fue auxiliar de la Policía e integrante del Departamento de Informaciones Policiales D2 como encargado de la División Investigación de la Información de la Brigada de Inteligencia. El acusado, conocido por sus víctimas como “El Tucán”, negó ante los jueces que ese apodo le haya pertenecido.
 
Yanicelli,  también integrante del Comando Libertadores de América, no se hizo responsable de los hechos que le adjudican y respecto a la D2 sostuvo que “nunca fue centro clandestino de detención”. Sin embargo, admitió que “por directivas de la Justicia Federal los detenidos permanecían esposados y vendados” en ese lugar. Este ex policía, acusado de torturar en la D2, dijo que él “trabajaba sobre prevención de los delitos subversivos”, sin participar de acciones ilegales.
 
El acusado cuestionó a la Justicia Federal vigente en aquel momento y solicitó una confrontación cara a cara con los funcionarios judiciales y quienes lo culpan por delitos de lesa humanidad. De esta manera, intentó crear polémica cuando acusó al actual camarista Federal en Córdoba, Luis Rueda quien – según afirmó- “trabajaba para los servicios de inteligencia” de las fuerzas armadas. Para “probar” sus dichos presentó ante el tribunal una fotografía en la cual supuestamente Rueda queda involucrado.
 

En esta cuarta audiencia otro de los acusados que accedió a declarar fue el ex policía Juan Eduardo Molina, quien también negó los hechos por los que se lo imputa. Fue él quien lanzó, con actitud frívola: “No combatíamos jóvenes idealistas, combatíamos jóvenes delincuentes”. Además, desligó la responsabilidad del accionar policial en -según sus palabras-  la “represión a los subversivos”  y la adjudicó a la Justicia.
 
Después de esta  acusación, dos de los abogados defensores pidieron al Tribunal que la Fiscalía de turno investigue a los ex y actuales funcionarios que los acusados nombraron como “supuestos” involucrados con lo actuado por las fuerzas durante la última dictadura militar.
 
Molina aseveró: “No veo por qué tengo que estar acá”. Sin embargo se contradijo, asumiéndose como “delincuente” cuando afirmó que los juzgan por “estos delitos que ocurrieron treinta y pico de años atrás”.
Continuó con su contradicción al contar cómo había reprimido en un intento de asalto. “Debido a esto, soy cuestionado por ser un hombre de acción. Sin embargo, en aquella época, el Jefe de la Policía me felicitó y hasta recibí una medalla”, afirmó.
 
Martín Fresneda, abogado querellante, advirtió que “está claro que los responsables fueron las instituciones y organizaciones que servían de engranaje del Estado”. El abogado querellante  afirmó que ya suponían que los imputados intentarían “licuar las responsabilidades atribuyéndoselas a la Justicia Federal”.
 
Alrededor de la hora 14 concluyó una nueva audiencia en donde las declaraciones de los acusados vinieron con libreto armado y estrategias discursivas de por medio. Los testimonios que se iniciarán mañana serán, sin lugar a dudas, un gran aporte en la búsqueda de la verdad. Una verdad que no sabe de olvidos ni perdones.
 
Ejercieron el derecho a declarar 11 acusados: Marcelo Luna, Ricardo Cayetano Rocha, Calixto Luis “Chato” Flores, Luis Rodríguez, Miguel Ángel “Gato” Gómez, Hibar Pérez, Fernando Martín “El Tuerto” Rocha, José Paredes, Rodolfo Gustavo Salgado,  Graciela “Cuca” Antón, Alberto Luis “Chatarra” Lucero. Entre ellos hay imputados  por la “causa Gontero”, en la cual se investigan secuestros y torturas de cinco ex policías y un civil en el D2 . Algunos de los imputados  suman a esta acusación  otras  por la  “Causa UP1”, en la que se examinan los asesinatos en simulacros de fuga de 31 presos políticos