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La rutina del día de hoy me empalagó. Terminé en un bar que siempre abraza, porque siempre espera con los brazos abiertos. Esta vez, esperaban unos tragos con una amiga que hace tiempo no veía , con otra que siempre veo y no me canso de ver, con un conocido que me encontré de casualidad y con otros que no conocía y me encantó conocer. Entre charlas, derroches, música, risas y las horas que pasan, la noche se fue consumiendo.

Mientras los pasos de la vuelta a casa no marcaban apuro pensé en los orgasmos. Y en lo equivocados que podemos estar cuando creemos que los orgasmos sólo son sexuales.

No Sr., no Sra, no m´hijo: los orgasmos son, por sobre todo, pasionales. Son esos momentos en que el pensamiento flota, la piel es de gallina, el cuerpo es parálisis, el mundo es un cerrar de ojos. Son esos momentos en los que la conmoción llega a hacer que los sentidos desborden hasta su máxima explosión.
Había tenido ya varios orgasmos. Pero no me bastó.

Siempre me sedujo Fernando Peña. En todos los sentidos del término.
Cuando la soledad y la madrugada me encontraron entre las cuatro paredes que me cobijan, decidí encontrarme con él. Lo sentí como una forma de despedida. Acudí a lo que más conocí de su inagotable fulgor creativo: a sus artículos. Releí algunos, y tuve mi primera vez con otros. Pero las sensaciones fueron las mismas: reí, lloré, rememoré, asentí, disentí, disfruté, me emocioné. Todo con él. Tuve un orgasmo con Fernando Peña. Mmm… mejor no le miento, asumo una actitud más impúdica y sincera: tuve varios orgasmos con él.

Me revolqué con sus pensamientos más íntimos, con sus miserias, con sus banalidades, con su profundidad, con su inteligencia, con sus ironías, con su verborragia, con sus contradicciones, con su personaje. Y quizás también con la persona detrás del personaje, porque Peña era una persona personaje.

No Sr., no Sra., no m´hijo: los orgasmos no son sólo sexuales, son, por sobre todo, pasionales. Y sino pregúntele a Peña. Va, mejor: pregúntele a lo que nos queda de él. Y mientras busque la respuesta sentirá como su cuerpo es invadido por un cosquilleo que se inicia en la panza y le llega hasta recónditos lugares.

Es que el pasional de Peña tuvo tantos orgasmos juntos, que deben actuar por contagio. Le aclaro esto por si ud. no estaba predispuesta/o a sentir ningún cosquilleo, pero la actitud defensiva, igual, le llegó hasta sus más bajas pasiones.

Le hago una propuesta: ¿y si nos revolcamos todos con Peña?

Le pongo más indecencia a la propuesta: lo invito a que hagamos una orgía con él…

¿ Acaso no es un buena forma de despedirlo y de revivirlo?…

ORGíA TEXTUAL…

¿Se atreve ud a sentir la mano de Peña en su cuerpo?…
Este es un bosquejo de invitación….
(extracciones de algunos de sus artículos)
 
EL HOMBRE ES COMO LA FRUTA
Antes de ayer me tocó otra vez bailar con la muerte de cerca. El acto de morir supongo que dura casi un segundo, imagino, no lo sé con certeza, habría que preguntarle a algún muerto; pero la muerte del otro en los vivos repercute por bastante más tiempo. Ojo, tampoco tanto, por suerte o por desgracia.
Silencio si los hay. Se escucha hasta la respiración del muerto mientras vamos a la capilla improvisada de apuro por el cementerio de turno para el último adiós. No vaya a ser que al pibe se le olvide confesar algo tremendo, ¡se lo lleva y explota! Que llegue limpito al tata Dios.

RECORDATORIO
Dije varias veces en la televisión que yo le deseaba una enfermedad terminal a todo el mundo, que después se curen, pero pasar por esa experiencia es paradójicamente muy sanador. Verdaderamente se lo deseo a todos. Van a vivir mejor después. Puedo ver en este momento a varios de ustedes tocándose el huevo o la teta izquierda para ahuyentar mi deseo; no lo hagan, confíen en mí, es una vivencia maravillosa, soy incapaz de desearle el mal a alguien.

EL OTRO SIN VOS
No sé cómo se hace pero te puedo explicar lo que yo siento. Siento miedo a estar solo. Siento ganas de coger, de tener mariposas en el estómago, de enfermar juntos de lo que sea… de pasión, de pestes…

Tengo miedo de seguir sosteniendo mi vida solito y de no tener la valentía de que otro me la pueda llegar a robar, tengo ganas de que el otro me robe la vida, tengo ganas de dejar de ir a comer con un amigo como le había prometido, de cagarlo, de fallarle, de mentirle porque el amor que siento por él me tira de las tripas. Y si mi amigo no me entiende que se vaya a la mierda. Resumiendo: tengo pánico de tener miedo, el miedo que no tienen los solitos… a estar solitos.
La histeria, la obsesión por estar sanos, por no dejarnos invadir, hace que muchos estén solitos. Enfermate de una vez, apestate. Que te traguen la vida de un bocado y perdete en la inmensa oscuridad del otro. Ese miedo, ese vértigo, esa caída libre, se llama permitirte enamorarte

ESAS MARCAS BLANCAS
¿Cuánto falta para seguir asumiendo lo que falta asumir? ¿Cuánto falta para derribar las muchas barreras y vergüencitas con las que cargamos?
Soy muy morboso. Alquilo, compro y consumo porno. Me encanta pispear, me caliento en la calle, me he masturbado en cines, grito piropos a hombres y a mujeres y cuando tengo sexo soy bastante chanchito y degenerado. Pero lo llevo con madurez, por eso es un juego, es una herramienta, un recurso, es lo que me divierte y queda en eso nomás. Queda en eso porque lo llevo sin culpas, lo he canalizado, lo he amasado, lo tengo desarrollado sanamente y lo comparto. Queda en eso porque lo puedo escribir en los diarios, decir en la tele y comentar en la radio. Queda en eso porque no siento vergüenza, ni pruritos, ni codeo, ni miro solo mientras me babeo; queda ahí porque lo comparto. Si más bien lo comparto y al compartirlo lo blanqueo, lo purifico en cierta forma.
Cuando tenía siete, jugaba con compañeritos y compañeritas de colegio al doctor y, lo confieso, por eso ahora me río con placer y cierta nostalgia, pero nunca nerviosamente, por eso me resbala, me rebota y espero que a usted, que a lo mejor también lo hizo, no le explote, porque es natural y sano. Quedo ahí. Lo disfruté cuando lo hacía y por eso ya no tengo la necesidad de hacerlo más. Quedo ahí. A mí me rebota ver a la mujer sin top, me rebota ver cómo dos se besan apasionadamente, me rebota hablar a calzón quitado, me rebota ver un culo, un torso o una gamba y espero que a nadie le explote más… es mi deseo… que nadie se ría nerviosamente nunca más.
Ese día se acabará la perversión mal parida, malsana, jodida y asesina.

¡CUIDADO, ESTÁ ATRÁS!
Me pregunto, a veces: ¿quiénes serán los malos? Cuando camino por la calle miro a la gente y no encuentro a los malos. Las caras son de gente buena o a lo sumo de gente semi muerta, confundida si se quiere, que deambula sin pergeñar el mal, sin tener un plan de a quién joder o a quién matar.
Me senté en una confitería hace unos días a mirar. No, no, no había caras de gente enferma, no había conductas que develaran personalidades antisociales. Por supuesto que siempre está el rengo, el deforme, el retardado, la vieja con cara de loca, el maricón lascivo, el pendejo que vive caliente, el galán maduro que posa en dandy, la solterona casi alcohólica llena de tics, las parejas que discuten y los pobres que venden flores o curitas. Pero más allá de una conducta casi humana y natural de la especie, no veo a los malos. Necesito que alguien, como en un teatro de títeres, me grite de una vez: “Allá, allá atrás, ahí está”.
Me carcomía la idea de encontrar al malo. Pasaba la multitud y la convertía en cada uno de ellos. Me detenía en cada persona que pasaba y me proponía encontrar al malo. Nada, el malo no aparecía, o por lo menos yo no lo veía. Estaba el maleducado, el mirón, la putita que pide bomba, el busca, la tonta, el vivo, la distraída, el fumón, la charlatana, pero seguía sin encontrar a los malos.
Hay, por día en el mundo, cientos y miles de casos de robos, de abusos sexuales, de violaciones, de asesinatos, de palizas, de torturas, de envenenamientos, de traiciones espantosas. Y esa gente no es verde, ni le sale humo por la nariz y hace “gggrrrrrrrrr”. No, no, señoras y señores, esa gente somos nosotros. ¿Dónde están los malos?
Me senté en la misma confitería días después y vi a todos malos. Allí estaban. Todos los malos somos todos nosotros. Siempre, a todo momento. La bondad es solamente un acto de cobardía, casi de pereza.
Vi en todos nosotros, de pronto, al violador, al abusador, al asesino, a la envenenadora, al ladrón, al traidor y al torturador. Sus caras eran la clara muestra de una gárgola que está dispuesta a todo. Las facciones de todos nosotros se iban transformando y veía, como en una película, a los personajes malvados, a los malos.
Los malos estamos acá, dispuestos a accionar en cualquier momento. Los malos somos todos. No me mires mal, no me tengas miedo, o por lo menos no me tengas menos miedo que el que te tenés que tener a vos mismo.

LA CASA DE VIDRIO
En privado uno deja de ser uno y se convierte en una sombra, en un zumbido… en aquel… que finalmente es uno sin uno creerlo o sin uno y nadie percibirlo.
Siempre sentí que dejar la privacidad es como tragar un jarabe, es como fumar por primera vez… es la primera vez… es hacerlo una vez y ya, es desnudarse… el que practicó el nudismo lo entiende, es la primera acción, es bajarse los pantalones y exponerse, verse y que lo vean… Cuesta accionar y dejar de lado las privacidades porque les tenemos pánico a la condena, a la crítica, al grito hipócrita de degenerado, anormal o diferente sabiendo que el que grita es igual a nosotros, pertenece a nuestra mugrosa especie humana. Es el pánico a que todos nos vean y que también nosotros nos veamos. El miedo a vernos todos de una vez. Tengo escrito un cuento corto sobre el tema del miedo a ser transparentes y a mostrarnos como somos. El miedo a descubrir finalmente la verdad, esa verdad que estuvo siempre ahí, delante de los ojos.

 
 LA PERFECTA ILUSIÓN DE LOS HOTELES CINCO ESTRELLAS
Porque todo es psicológico. A veces es mucho mejor hacer taradeces antes que explotar. Porque todo es psicológico y es el bocho el que te termina matando. Porque todo es psicológico. Por eso, hacé lo que te sirva pero hacelo a tiempo, antes de que te encierren. Porque todo es psicológico y la locura es un segundo. Andá al zoológico, metete en un cine, andá a correr, sentate en una plaza pero hacelo justo antes del segundo de volverte loco. Porque todo es psicológico y el bocho te va a matar.
Es importantísimo detectar el segundo antes de la locura, lo reconocés, te lo juro. Es cuestión de relajar y saber y verse fuera de eje, borroso. Guarda ahí. Cuidado ahí.
Estamos todos tan locos, y la locura mundial no ayuda, y el recalentamiento global, y el campo, y Hillary y Obama y Osama y el Chaitén y el euro y el dólar y tráfico y fin de mes y los chicos y tu pareja y el trabajo y la televisión y los paros y los piquetes y ahora el frazadazo…

EL ESPEJITO DEL BAÑO
Curiosamente, cada vez que entro en ese baño me voy de mí, me despego un poco del habitante de la casa y me siento un poco visita. A veces lo uso como lugar de descanso cuando ya me hartó la gente que invité a comer: entro en ese bañito, suspiro, hago pis, me miro en el espejo y salgo con otros aires. Me volví a mirar en el espejo. Creo que todos ustedes saben que soy un loquito lindo que se la da de creativo y para hacerme el original un día escribí con marcador indeleble una frase en la parte superior de ese espejo. El resultado es que al mirarte en ese espejo ves tu cara y una frase que dice: “Nunca le creas a esta persona”. Me sonreí. ¿Me creía esta vez o no? ¿Valía la pena estar angustiado o me engañaba echándome agua fría en la cara?

PUM, PUM, PUM
La vida no vale nada. Digo que la vida por sí sola no tiene valor. Tiene valor lo que hacemos en la vida. Y para eso, la regla primera e indispensable es morir con algo hecho, que te maten con algo hecho; jamás que te asesinen sin nada hecho. Un inútil muerto.

 
Publicado en Semanario “El regional”, de Villa María
 
 
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