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:.EL INVENTOR.:

Publicado: 13 agosto, 2013 en Intentos literarios, Sin categoría

inventor

El inventor
tenía entre los ojos
horizonte

cierto aire
de otra época

paso firme

y una genuina forma
de gesticular toda expresión

fundamentalmente

muy fundamentalmente

en sus manos.

El inventor
podría haber sido
una extraña forma de eternidad

un huracán
digno de arrasar todo mi subsuelo

el mercedor
de lo que fuera que me quedaba
para dar.

Pero fue compañía
compañía de la buena

fue encuentro en la charla
en la infinita charla

fue esperanza adolescente
recostada en el césped de cualquier plaza

y con eso

con eso
bastó.

Ahora
suelo cruzarlo por las calles
abrazado a un amor

cuando nos miramos para saludarnos
también

-lo sé,
lo veo,
lo siento-

nos agradecemos.

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:.LA HORA EN QUE NO SÉ.:

Publicado: 21 enero, 2013 en Intentos literarios

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Esos espacios

tan míos

seguirán siendo míos

en apacibles recuerdos.

Sé de la gratitud

en el momento justo.

Sé retirarme

a tiempo y con decencia

donde mi mano ya no corresponde.

Sé guardarme

mis miradas feroces

y transformarlas en patria

de nuevas raíces.

Sé resbalar en el pedal

y no darme contra el caño.

Sé convertir este insomnio

en mi último insomnio

de desvelo sin sentido.

Sé dejar que esto decante

hasta la más impune inexistencia.

Sé leer en las sonrisas

los guiños de las sombras.

Sé meterme los dedos

en la tráquea de las ausencias

para elegir qué vomitar

cuándo y cómo.

Sé aplaudir las ironías

de pie y con entereza.

Sé estrujar los dolores

que causan las mochilas con culpas ajenas

y hacer con esos restos

huellas para no seguir.

Pero en realidad

justo a esta hora

soy experta

en todo aquello

que no sé.

No sé hacer malabares

con las reacciones letales

sino más bien

sé tomar distancia.

A veces

la distancia

puede ser escuela.

No sé traer mi cuerpo invicto

de donde alguna vez

lo puse entero.

No sé borrar las delgadas líneas

ni desatar los nudos

que traen.

No sé sacar el impacto

de un atrevimiento

que caló huesos

poros

memoria.

No sé salar heridas

ni mirarlas de reojo.

Más bien

sé sumergirme en ellas

en las noches

en que decido reinventarme

hasta convertir lo inhabitable

en apacibles recuerdos.

:.EL HUMO Y EL ARTE.:

Publicado: 14 abril, 2012 en Cine, Intentos literarios

Imagen

Al fin y al cabo, no dejás paz sin turbar.

Venís sin remolque a parir signos de preguntas.

Te das mania para nada pero lucís tu mejor habilidad con una gambeta para diván.

Me zumba en el oído la ausencia de tu voz.

Escucho a ese silencio como a pocas cosas.

A veces tengo la certeza: ahí está mi razón de ser.

El café ya se enfrió y afuera está desbordado de otoño.

Quisiera salir para descifrar la ciudad… pero hay tantos otros enigmas.

El agua queda en las nubes y se niega  a apagar este collage que se  incendió con el cigarrillo.

Hay humo en la casa y se me ahoga el pensamiento.

El final de American Beauty. Fragmentos de Festen. Unas palabras del Borges que nunca leí con tanta atención como en esa frase sobre el olvido.

El arte es un oasis y salva cuando venís con ese afán de no dejar paz sin turbar.


Fuimos

                 una zamba mal bailada. frente al mar. con el viento del sur en los pañuelos. con el atardecer todo. con el atardecer todo metido en las retinas. fuimos una zamba bien bailada.

Fuimos

                esperanza. un garabato de infante en la empinada osadía de hacerse realidad. (esa casa con globos. esa casa plagada de globos. esa casa tomando vuelo. lo más parecido a  la búsqueda de un hogar).

Fuimos

                el sol. el sol buscando guarida entre sábanas blancas. el sol rebotándonos en los dientes. el sol cuando da calor. el sol cuando te deja el cuero rojo de la quemazón.

Fuimos

                 el amor. el amor después del amor. el amor reinventando al amor. el amor agobiando su respiración.

Fuimos

                una olla y un papel. dos objetos vacíos que nos esperaban. Un Nosotros dándole vida a cualquier olla, a cualquier papel. Nosotros alimentando nuestras vidas. Nosotros escribiendo nuestros días. (fuimos un nosotros con mayúscula. FUIMOS un Nosotros).

Fuimos

                  juntos niños, adolescentes y adultos. fuimos tres momentos de la vida. y más.

Fuimos

                 lo mejor que nos pudo haber pasado (la poesía se agota).

Fuimos

                todo lo que no volveremos a ser.

Somos

                nuestra intolerable presencia.

Somos

                una apuesta mal jugada.

Somos

                la trascendencia en cenizas.

Somos

                 los recuerdos de un mañana  con un Nosotros.

Somos

                 los brindis que nos remedian por tanto bien, por tanto mal.

Somos

                 y seremos

                                           el aprendizaje de lo que fuimos.


Hoy

te escribiría en la espalda

maldito indiferente

quemando los retazos de tus caretas,

usando como tinta

el néctar de tu nada

(esa nada

infame

corrosiva

repugnante).

Hoy

te escupiría los ojos

con el veneno de tus ausencias

(esas ausencias

crueles

punzantes

inhumanas).

Pero hoy

tengo una tristeza en esta sangre

(una tristeza

profunda

invasora

desamparada)

y el delirio

es mi único bálsamo.

Sólo ahí

confío

en lo que nos une.

Sólo ahí

imagino

que lo compartido

no es el resultado del azar celestial

sino

un aprendizaje terrenal

(un aprendizaje

desatinado

grotesco

irracional )

Entonces

hoy

lo único que puedo hacer

es abrazarme

a esa mezquina confianza

para resistir

a este nudo y sus ganas

(este nudo

que me habita

la garganta

el estómago

el alma

la piel).


 

EMBRIAGARSE los ojos/

                                con un atardecer.

                                                        ENCONTRAR en ese cielo/

                                                                                         los colores de nuestra soledad.

                  ATREVERSE/

                                                  a escuchar en el silencio/

                                                                                               lo que agoniza en tu sombra.

  

 

 

 

 

 

 


Desconsideración: se me pasaron las salutaciones para el 14 de febrero.

Reconsideración: unas palabritas y una imagen que creo que atraviesan a l@s enamorad@s (sólo a modo de alusión atrevida)

 

“(…) Beber veneno por licor suave (…)

Creer que el cielo en un infierno cabe (…) “

[Desmayarse, Lope de Vega (1562-1635)]

 

 “EL PARAÍSO DE LOS CIERVOS”

Foto: Sol Aguirre

 

P/D: Complementos imprescindibles de esta entrada:

“EL BELLO FIERO AMOR QUE TANTO MIEDO DA”, por Hernán Brienza:

http://enbuscadelamujerperdida.blogspot.com/2011/02/el-bello-fiero-amor-que-tanto-miedo-da.html

“SI HAS PERDONADO ES QUE HAS DEJADO DE AMAR” (Rescate del pensamiento de  Arthur Schnitzler)

http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-162947-2011-02-24.html


A una madre de madres. A una de mis madres. A Rina, mi bis abuela.

Vos pisabas tus setenta y pico y yo apenas inauguraba el primer número de tu edad. Armábamos flores artificiales después de dormir la siesta juntas. El cementerio del pueblo estaba lleno de esas margaritas que parían nuestras manos. Los parientes de los muertos creían que a los finados les gustaría la idea de que les lleven flores que no se marchiten. Por eso nos las pedían. Como para que haya algo imperecedero en ese monumento a lo perecedero.

Hoy te llevaría una de esas flores si no fuese porque siempre me parecieron una mala ofrenda. Mala ofrenda pero, en nuestro caso, hecha de la mejor manera. Hecha con amor. No por amor al muerto, que a veces ni conocíamos. Estaban hechas con el amor que nos teníamos. Darle vida cada una de esas flores era un acto que compartíamos con una delicadeza suprema. La misma delicadeza que teníamos para vivir otras cosas juntas: regar tus plantas; recorrer tu quinta; elegir las ciruelas que estaban maduras; juntar nueces, romperlas y seleccionarlas  mientras tomábamos mates, cobijadas por tu parral.

Hacía ya un tiempo que la paleta de colores de tu vida había sido inundada por tonos pálidos. En más de nueve décadas lo flúor de los días está presente sólo en alguna esporádica evocación.

Antes de que la muerte te toque la espalda le guiñó un ojo  a tus recuerdos que, todos juntos, fueron víctimas de ella. Menos uno: el recuerdo de tu madre. A los 94 años repetiste el nombre de tu mamá con una claridad que tu voz ya desconocía, respetando la sonoridad de cada letra. Dijiste  y repetiste “Magdalena” sin titubeos. Tu madre, a tus 94 años, ahí, con vos.

¿Cuán nítido es el recuerdo de una madre en el final de nuestras vidas?

¿Qué sensaciones produce?

¿ Qué emociones despierta?

¿Qué deudas nos trae?

¿Con qué ganas nos deja?

¿Qué deudas nos trae? /¿Con qué ganas nos deja?

Después, la muerte dejó de coquetear con tu memoria. Ahí dio su obstinado golpe, el que reserva de manera particular para tod@s y cada un@. El que siempre llega. El que te llegó a vos justo en el momento en que decidiste abrir los ojos como ya no sabías hacerlo. A esa mirada firme, intensa e infinita la dedicaste a una de tus hijas, Nadir, a la que en el día a día estuvo a tu lado, con la que conviviste durante muchos de los años que cargabas.

En otro lugar, en ese preciso momento, tu despedida llegaba para revivir una pena maternal que te calaba hasta los huesos. Ver a otra de tus hijas ya era una necesidad convertida en súplica. Súplica que quienes debieron no pudieron escuchar. Ella, con una memoria joven pero arrasada por los cachetazos de la vida, no sabe de tu muerte y quizás, tampoco de tu recuerdo. Pero ahí, cuando la aguja marcaba tu hora final, decidiste manifestarle la dificultad última de tu respiro en su propio cuerpo.  Con una insistencia que no perdiste ni muerta, al día siguiente volviste a tener esa conexión sobrenatural (o, quizás, de tan natural ya incompresible) de la misma forma. En el preciso momento en el que te acercabas a tu lápida le hiciste saber que tu vida se resumiría en cosas trascendentales, como lo era ella misma, tu hija.

¿Cuán implacable es la muerte de una madre en nuestras vidas?

¿Qué dolores produce?

¿ Qué recuerdos despierta?

¿Qué deudas nos trae?

¿Con qué ganas nos deja?

¿Qué deudas nos trae? /¿Con qué ganas nos deja?

Esta es mi flor para vos. Hacer una de las que armábamos juntas sería ponerle unos pétalos solitarios a esta desazón. Sería parir algo que sin vos no tendría vida, no tendría sentido.

Te escribo esto, viejita querida, porque estoy en deuda. Tus cuentos en mis oídos de infante resonaron hasta hoy y son causa de estos atrevimientos con la escritura. Como cada palabra que escribo es también un poco tuya, quería que éstas  vengan con dedicatoria exclusiva para vos, madre de madres.

¿Cómo se siente la muerte  en el límite de la vejez?

¿Como un beso cálido y compañero o como un puñal frío?

¿Como una visita esperada?

¿Como un enemigo que ríe?

¿Qué dolores produce?

¿ Qué recuerdos despierta?

¿Qué deudas nos trae?

¿Con qué ganas nos deja?

¿Qué deudas nos trae? /¿Con qué ganas nos deja?


 

-Son como un enema -decía Tomás a Renzo, indignado-. Las instituciones sociales son como un enema. Si no querés que entren a tu vida, te las meten por el culo.

 Tomás estaba furioso. No sabía si alegre o triste, pero tenía la seguridad de que la furia le corría por las venas. Esa sensación lo inundaba cada vez que sentía que no tenía dominio sobre sus días. Cuando los acontecimientos lo desbordaban veía a la vida como una motaña rusa de la que no podía bajarse.

La música acompañaba la ocasión con la voz áspera de Sabina poniendo poesía al momento. “Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel…”

 -Por el culo te las meten. Y sino mirame a mí.¿Sabés para qué te llamé?

 Renzo no estaba de ánimos como para que Tomás lo tenga a las vueltas, así que fue tajante con su respuesta.

 -No estoy para adivinanzas.Las únicas llamadas de las que puedo predecir motivo son las de mi vieja, que ya cumple veinticinco años intentando suicidarse.

 -¿Y no festejaste?

 -¿Qué cosa?

 -El aniversario de plata de intento de suicidio… podés organizar una fiestita temática onda “Velorio en vida” y hacés que los invitados vayan vestidos de negro, le comprás a tu vieja uno de esos sombreros de cotillón que tienen un cuchillo gigante que se incrusta por la cabeza y chorrea sangre, das de souvenir un paquete de yerba mala…

 Renzo lo miró con los ojos vidriosos mientras pensaba en la falta de tacto que siempre caracterizó a Tomás. Podía pasar de ser un tipo querido a ser odiado en cuestión de minutos nomás, los minutos que tardaba en pronunciar sus palabras mágicas.

 -Para negro y malo ya está tu humor.Que además, a veces también es como un enema. ¿Porqué no te vas a la mierda?

 -Porque acá estoy, revolcándome entre los soretes.

 Renzo sonrió sin ganas mientras le pedía que le cuente cuán mal olía su mierda. Tomás fue a buscar el tinto que había comprado para la ocasión. Volvió con su vino favorito, un Pinot Noir que era un compañero incondicional, siempre le calentaba el alma.Dejó la botella sobre la mesa y empezó su relato.

 -¿Te acordás de la negra Fany? La que tenía ese culo que me quitaba el sueño, ¿te acordás?

 -De la negra me acuerdo poco, lo que no me olvido es tu cara de perro en celo cada vez que la veías.

 -Bue, cuestión es que la negra me sigue quitando el sueño -Tomás se acomodó en la silla y cambió el tono de voz- pero ahora no por el culo que tiene, sino por la panza que va a tener.

 -¿Está embarazada?

 -Ah…¡Viste que sos bueno para las adivinanzas!.Boludo, no soy nutricionista, si me preocupa su panza, ¿por qué va a ser?… ¡embarazadísima está!.Si hasta sueño con el nene. En el sueño aparezco acostado y el bebé está arriba de mi pecho mientras me dice “papi, papi”. Lo mismo que me pasaba con la negra…salvando las diferencias, obvio.

 -Tu humor a veces es detestable y otras, admirable.

 -Y si…por eso es una buena extensión de mí mismo.

 Sonrieron juntos. Tomás puso la botella entre sus piernas y, mientras intentaba descorcharla, siguió hablando.

 -Bue, me la encontré a la negra Fany viendo a los Vilma Palma y Vampiros, en una de esas fiestas bizarras que se organizan.Viste, cosas que te pasan cuando tenés el cumpleaños de un amigo de la secundaria con el que lo único que te queda en común es el afecto.Cuestión es que el vino ya me hacía cantar. Y cuando estaba entonando “El Auto Rojo”, en la parte en que el corito canta “shura shuruptaruptura” se me apareció la Fany entre la gente. Yo pensé que era una visión del pedaso que portaba, pero no che.Me pegué un pellizcón y la negra seguía ahí, infartante.

 Renzo lo escuchaba con atención. Pensó que el encuentro, como para no desentonar, se dio de manera tan bizarra como la fiesta.Tomás terminó de descorchar la botella y con el mismo entusiasmo con el que sirvió el vino intentó revivir el momento del encuentro.

 -Era como si viniese adonde yo estaba, con un vestido verde que a cualquiera lo hubiese dejado del mismo color.El vino me había entibiado el alma y ella me estaba entibiando el cuerpo. Cuando yo ya parecía Shrek,encaré pa su lado. La convidé con vino. Puso cara de asco y me dijo que no le gustaba ni la uva ni sus derivados. A mí me dio risa el comentario, lo que me estaba diciendo era para la gastada.Me preguntó de qué te reís…explicación va, explicación viene, terminamos en la cama de mi casa, donde yo no te explicoooo…

 -No, no me expliques eso sino como estás sobrellevando la consecuencia de eso- sentenció Renzo mientras esperaba ansioso el resto del relato-.

 -¿La consecuencia “de eso”?.Siempre igual vos. ¿Por qué no llamás a las cosas por su nombre?. La consecuencia de cojer,querido. De cojer.

 A Renzo, durante unos segundos, se le cruzaron por la cabeza algunos nombres para sensaciones, sentimientos,actitudes propias y ajenas de las que había sido testigo en los últimos tiempos. Tomás tenía razón, era momento de que empiece a llamar a las cosas por su nombre. Pero el asunto no venía al caso, así que prefirió hacer una breve ironía al respecto.

 -¡Ah! Perdón. Es que al relato de la cigüeña me lo inyectaron, fue la única droga que probé y me pegó hasta hoy. Además, mi mujer ve tanta novela de príncipe azul que me hace pensar que todos hacen el amor.

 -Mirá vos che. Así que andás observando el mundo con lentes que tienen los vidrios polarizados de rosa. Decime, ¿la ilusión óptica hasta cuando dura?¿Hasta que vas a la cama con ella y la excepción se les cuela entre las sábanas?

 Tomás estaba escarbando en todos los temas de los que él prefería escapar.Uno le dice que tiene un humor-enema y en vez de cortarla le da cuerda, pensó.

 -Dale,menos preguntas y más respuestas. ¿Cómo estás sobrellevando la consecuencia de tu cojida sin explicaciones?.

 -Las cosas por su nombre, querido.La consecuencia es que voy a ser papá. P-A-P-Á. Así, como te lo enseñaban en primer grado para que aprendas a escribir. Papá con todas las letras. Eso voy a ser.

 Tomás seguía escarbando. Esta vez sin querer.Él no sabía de las implicancias que esa palabra estaba teniendo para Renzo. Ni se imaginaba que las dos últimas oraciones le iban a quedar rebotando en su cabeza. Un padre con todas las letras. “Eso es lo que nadie fue para mí”, pensaba mientras hacía, de un solo sorbo, fondo blanco a la copa.Se esforzó en disimular su malestar pero los ojos se le llenaron de lágrimas.Tomás lo miraba y sus ojos también estaban brillosos.Habían tenido un silencio duradero, de esos silencios que dicen mucho.

 -Sos el primero que se emociona así porque voy a ser papá. Es muy loco. ¿Sabés porqué te pasa eso? Porque con los hermanos de la vida, los que se eligen, los amigos, es como si tuviésemos una conexión metafísica. Las alegrías, los malestares, las emociones son compartidas. Con los amigos posta, los verdaderos. Porque si la palabra amistad siempre se usó como comodín, ahora con el Facebook y tantas otras cosas, viste como es, se usa como prostituta.

 Renzo se sintió avergonzado por su egoísimo, por pensar primero en los efectos que la palabra padre tenía en él antes de entender lo que estaba siginifcando para su amigo. Quiso paliar su actitud y le propuso un brindis.

 -A ver, convenceme de que hay motivos -replicó Tomás-.

 -Por la amistad. Porque es la máscara de oxígeno que nos queda cuando el mundo huele a mierda.

 Tomás no pidió más justificaciones, levantó su copa y acotó:

-Porque los amigos son los enfermeros que nos socorren cuando tenemos un enema o varios atravesados en el culo. Gracias por estar, enfermerito.

 -Para la próxima me vengo vestido de ocasión.

 Se hicieron un gesto cómplice y chocaron sus copas.Tomaron un trago. El vino sabía mejor que nunca. Retuvieron por un momento el Pinot Noir en sus bocas.Estaban percibiendo un tinto de sabor tan intenso como el momento que vivían. Los gustos que sus lenguas cataban iban mutando. De la misma forma, las sensaciones que les producía el encuentro cambiaba el gusto que le encontraban a la vida misma que, de a poco y gracias a la compañía fraterna, se alejaba del sin sabor.

 -Bueno hermano, esto es lo que me anda pasando.Estoy generando mi propia institución familiar, a esta también sin elegirla. Encima la vieja de la Fany quiere que nos casemos.Se ve que los Rivotril que se toma le caen mal y empieza a hablar giladas. Se comió el cuento que le tiró la negra. Ella para zafar me metió en el combo de sus ex novios, de que la cosa se complicó y nos dejamos.Pero la cosa está complicada ahora, que ni para un muñequito de torta me piden consentimiento.

 -¿Y no pensaron en abortar?

 -¿Abortar? ¿Sabés cuánto sale abortar? Cuatro lucas. A la Fany la das vuelta y no se le cae ni una moneda. Y yo combino con la estación, más seco que este otoño estoy.Para colmo de males, no te conté del otro enema, el laburo.

 -La pucha, con tanto enema no le van a alcanzar las manos a este enfermero. Boludo, decí que estoy sentado…

 Me echaron del call.Después de la noche que estuve con la negra quedé reventado.

Tomás se recuesta en la silla, haciéndose el que está muerto y con la lengua afuera. Se recompone de su teatralización y continúa con el relato.

-Fui al laburo con el mismo desánimo de siempre, pero encima le sumé que estaba trasnochado. Almorzé y me pintaron las ganas de siesta a full.Y así fue. Palmé un siestón,me quedé dormidito nomás, con el tubo en la oreja. La conversación quedó grabada, los jefes escucharon mis ronquidos y bue, esa fue la gota que rebalsó la botella.

 -Ups…falta que te cague un pájaro a ver si remontás. ¿Qué querés que te diga loco?…No sé, viste que yo para dar ánimos no soy muy bueno.

 -Está bien Renzo, tampoco vas a cambiar demasiado. Ni el consuelo ni la lástima me sirven. Lo que necesito es coraje. Es la única forma de gambetear un casamiento, conseguir un buen laburo y asumirme como futuro padre.Capaz que también me vendría bien una dosis de autoconvencimiento. Por ejemplo, pensar que si no fuese gracias a los embarazos casuales, el mundo tendría sólo un tercio de sus habitantes. Reflexiones como esta me hace sentir menos pelotudo y más feliz. Va, no sé si más feliz pero es como si uno estuviese participando en una causa creadora a nivel mundial, ¿me entendés?.

 -¿Que si te entiendo?. Escuchame una cosa,¿Vos también tomás Rivotril y te hace decir giladas?.Decime,en esos momentos de pensamientos tan reflexivos -Renzo lo miró serio- ¿no se te pasó por la cabeza que si no fuese gracias a la confianza cegadora es muy probable que más de un tercio del mundo se dé cuenta de que su padre…no es su padre?.

 -Bue, no me hace falta tu consuelo pero tampoco tu pesimismo che.

 – Sé por qué te lo digo.No es ser pesimista, es ser realista. ¿No pensás en encargar un ADN?

 -No sé, cuando nazca el nene veré. Por lo pronto le creo a la Fany, mirá si me la va a caretear así. Un hijo no es una pelota que se le tira al que está más cerca. Yo todavía confío en algunas personas y la negra no fue mi novia, pero está en la lista de gente confiable, de buen palo, garca no es. Además, ¿sabés qué? – Tomás cambió la cara, sus gestos se pusieron duros-la noticia me pareció una mierda al principio, no te lo niego. Pero ¿viste que hay mierdas que se usan como fertilizantes? Bueno, esto me parece que va a ser eso, un fertilizante en mi vida.

 -¿”Esto”? Las cosas por su nombre, ¿no?

 – Tenés razón loco. Mi hijo creo que va a ser mi fertilizante.Dicen que un hijo es lo más importante que hay en la vida. Y a mí si hay algo que no me sobra son las cosas importantes.

 Tomás hizo una sonrisa comodín, la que siempre saca cuando pone palabras a sus malestares pero no quiere que se lo vea como está: triste. “Y después me dice a mí que llame a las cosas por su nombre”, pensó Renzo. “Este trata de separase de sus propios sentimientos, algún día va a explotar como piñata y va a repartir sorpresitas por todos lados.”

Pero no era momento para interrumpir. Tomás se estaba despojando de sus mecanismos de defensa llenos de palabras irónicas, humor negro y otras corazas que él creía irrompibles. Se estaba conectando consigo mismo, bajándose del escenario que siempre montaba cuando estaba frente a otros. Renzo sabía que eso pasaba pocas veces y dejó que siga hablando.

 -Voy a ser papá, voy a tener un hijo. Aunque a veces ni yo me la creo…pero,¿para qué te voy a mentir? La verdad es que ya no lo veo como al principio, como una mierda. Lo veo como el único hecho trascendente que estoy teniendo en mi vida. Hasta te diría que por momentos pienso que es un milagro.Eso sí: estoy cagado. Aprender a ser padre creo que va a ser el desafío más grande de mi vida.

Tomás , con la mirada triste y la cabeza gacha dijo las palabras que iban a terminar de desgarrarlo:

 -Y no ser como mi viejo va a ser parte de ese desafío.

 De vuelta los ojos desbordados de lágrimas. Tomás esta vez no pudo contenerlas. Renzo las veía venir y se adelantó con un abrazo. Fundidos en ese apretujón el llanto tuvo cobijo. Sintieron la fragilidad y la desazón de saberse humanos. La emoción estaba siendo un cable a tierra para los dos. Abrirse al otro era encontrarse con el otro y, más tarde descubrirían que también sería una forma de encontrarse en el otro. Estuvieron así, abrazados y llorando vaya a saber por cuanto tiempo. Después de ese vómito expresivo decidieron tomar la última copa que les quedaba y deshacerse también de las últimas lágrimas. Al menos, de las que últimas que creían que les iban a quedar para esa día.

 – Me hablé todo yo. Y vos Renzito, hermano, ¿que tenés para contarme?

 -Uff…Mis buenas nuevas también son para escuchar de sentado porque sino te caés de culo y capaz que los enemas se te hacen hemorroides. Yo podré ser tu enfermero pero no soy tu cirujano, no puedo ni mejorar mis males, menos voy a poder con los tuyos.

 -Bue, menos chamuyo y empezá a desembuchar sobre tus días que sino esta juntada pierde dramatismo.

De vuelta sonrieron juntos. Renzo retomó la seriedad y empezó con su relato.

 -¿Escuchaste cuando te dije que yo sabía por qué te decía eso de que si no fuese gracias a la confianza cegadora es probable que muchos se den cuenta de que su padre en realidad no es su padre?

 -Si, como no te voy a escuchar.

 -¿Y viste que mi vieja hace veinticinco años que prueba el filo de los tramontina en sus venas?

 -Sí, ya te dije que le tenés que hacer la fiestita por el aniversario de plata.

 – A ver, vos que sí sos mejor que yo para las adivinanzas: ¿qué vínculo puede tener un hecho con el otro?

 -A bueee… -Tomás abre los ojos a más no poder- si es lo que yo pienso, entonces el elefante del que nos cae la mierda está teniendo una cagadera importante.

 -No sé lo que pensás. Eso que dijiste de la conexión metafísica con los amigos me pareció una metáfora sobre la compañía del otro… porque yo telepatía con vos todavía no tengo.Si tuviésemos esa suerte, estarías descorchando el otro vino que quiero que nos acompañe en la charla.

 Tomás siguió perplejo por lo que deducía de las palabras de Renzo, pero trató que el aire se respire menos pesado.

 -Yo también voto por esa moción. La noche parece larga y fría. Y si seguimos así, vamos a terminar con la lengua seca. A! Hablando de sequedad, yo gasté mis últimos mangos para hoy en el Pinot y viste como es esto,viviendo de ahorros no te da el cuero para tirar corchos al techo, ¿no?.

 – No te hagas problema negro.Que esté de invitado no significa que venga a vivirte.

 Renzo sacó de su mochila una botella de Malbec y la dejó sobre la mesa.Después agarró el paquete de cigarrillos. Sacó uno, se lo acercó a la nariz y disfrutó del olor a tabaco.  Tomás miró a su amigo mientras se lleva el pucho a la boca para prenderlo.El fuego del encendedor le iluminó toda la cara.Renzo le devolvió la mirada. Era una mirada llena de luz.Hizo su primera pitada, que de tan larga parecía eterna.Mientras largaba pequeñas bocanadas de humo mostró la impaciencia que tenía para sacarse la mochila de hechos y sentimientos que lo invadía.

 – Tomás, abrite esa botella que falta…¿lo peor o lo mejor de la noche?

 -No se, a eso lo sabés vos.

 -No, te juro que no sé si es lo peor o lo mejor. Lo único que sé es que muero por tomar ese Malbec. Dale,descorchá ese vino.Que ahora el que tiene que agarrar coraje soy yo.


  

     

 (Dedicado a D.S.H)

En el ritual de las copas levantadas

está lo impredecible del porvenir,

le comento con un dejo de inquietud.

Ahí, sumergidos en la fragilidad de la memoria

se encauzan las remembranzas

hacia el pasado.

Vislumbramos

el fulgor que nos vio brillar;

las cicatrices que afloraron en repentinos duelos

y ese afán por oler en el aire

todas las lavandas del mundo.

Acaso la obstinación

sea un buen desangre

(creo leerlo en tus ojos).

Parados en el vaivén de esta balanza

asoma un indómito enero

mientras los cúmulos del calendario

arremeten sin desaires.

Esta noche nos desvela impiadosamente.

En la pendiente venidera

habitan la razón y la demencia

(y lo sabemos tanto…).

Hoy están despabiladas

hasta las pestañas añejas y descoloridas.

A nosotros

(un nosotros tan baqueteado y resucitado)

este cielo nos trae presagios:

habrá lunas perturbadoras,

amaneceres fogosos

y caminos bifurcados.

Pero una convicción delatora

nos invade para confirmar que

(a pesar de todo, siempre a pesar de todo)

no habrá, nunca, huellas impávidas.

Con este saber entre las manos

y la sonrisa entre los dientes

me confirmás tu astucia esperanzadora

en algunas palabras ya usadas,

pero resignificadas en tu voz:

en el ritual de las copas levantadas

está (ahora) lo predecible del porvenir.