:.MI FLOR PARA RINA.: Por Sol Aguirre

Publicado: 21 enero, 2011 en Intentos literarios
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A una madre de madres. A una de mis madres. A Rina, mi bis abuela.

Vos pisabas tus setenta y pico y yo apenas inauguraba el primer número de tu edad. Armábamos flores artificiales después de dormir la siesta juntas. El cementerio del pueblo estaba lleno de esas margaritas que parían nuestras manos. Los parientes de los muertos creían que a los finados les gustaría la idea de que les lleven flores que no se marchiten. Por eso nos las pedían. Como para que haya algo imperecedero en ese monumento a lo perecedero.

Hoy te llevaría una de esas flores si no fuese porque siempre me parecieron una mala ofrenda. Mala ofrenda pero, en nuestro caso, hecha de la mejor manera. Hecha con amor. No por amor al muerto, que a veces ni conocíamos. Estaban hechas con el amor que nos teníamos. Darle vida cada una de esas flores era un acto que compartíamos con una delicadeza suprema. La misma delicadeza que teníamos para vivir otras cosas juntas: regar tus plantas; recorrer tu quinta; elegir las ciruelas que estaban maduras; juntar nueces, romperlas y seleccionarlas  mientras tomábamos mates, cobijadas por tu parral.

Hacía ya un tiempo que la paleta de colores de tu vida había sido inundada por tonos pálidos. En más de nueve décadas lo flúor de los días está presente sólo en alguna esporádica evocación.

Antes de que la muerte te toque la espalda le guiñó un ojo  a tus recuerdos que, todos juntos, fueron víctimas de ella. Menos uno: el recuerdo de tu madre. A los 94 años repetiste el nombre de tu mamá con una claridad que tu voz ya desconocía, respetando la sonoridad de cada letra. Dijiste  y repetiste “Magdalena” sin titubeos. Tu madre, a tus 94 años, ahí, con vos.

¿Cuán nítido es el recuerdo de una madre en el final de nuestras vidas?

¿Qué sensaciones produce?

¿ Qué emociones despierta?

¿Qué deudas nos trae?

¿Con qué ganas nos deja?

¿Qué deudas nos trae? /¿Con qué ganas nos deja?

Después, la muerte dejó de coquetear con tu memoria. Ahí dio su obstinado golpe, el que reserva de manera particular para tod@s y cada un@. El que siempre llega. El que te llegó a vos justo en el momento en que decidiste abrir los ojos como ya no sabías hacerlo. A esa mirada firme, intensa e infinita la dedicaste a una de tus hijas, Nadir, a la que en el día a día estuvo a tu lado, con la que conviviste durante muchos de los años que cargabas.

En otro lugar, en ese preciso momento, tu despedida llegaba para revivir una pena maternal que te calaba hasta los huesos. Ver a otra de tus hijas ya era una necesidad convertida en súplica. Súplica que quienes debieron no pudieron escuchar. Ella, con una memoria joven pero arrasada por los cachetazos de la vida, no sabe de tu muerte y quizás, tampoco de tu recuerdo. Pero ahí, cuando la aguja marcaba tu hora final, decidiste manifestarle la dificultad última de tu respiro en su propio cuerpo.  Con una insistencia que no perdiste ni muerta, al día siguiente volviste a tener esa conexión sobrenatural (o, quizás, de tan natural ya incompresible) de la misma forma. En el preciso momento en el que te acercabas a tu lápida le hiciste saber que tu vida se resumiría en cosas trascendentales, como lo era ella misma, tu hija.

¿Cuán implacable es la muerte de una madre en nuestras vidas?

¿Qué dolores produce?

¿ Qué recuerdos despierta?

¿Qué deudas nos trae?

¿Con qué ganas nos deja?

¿Qué deudas nos trae? /¿Con qué ganas nos deja?

Esta es mi flor para vos. Hacer una de las que armábamos juntas sería ponerle unos pétalos solitarios a esta desazón. Sería parir algo que sin vos no tendría vida, no tendría sentido.

Te escribo esto, viejita querida, porque estoy en deuda. Tus cuentos en mis oídos de infante resonaron hasta hoy y son causa de estos atrevimientos con la escritura. Como cada palabra que escribo es también un poco tuya, quería que éstas  vengan con dedicatoria exclusiva para vos, madre de madres.

¿Cómo se siente la muerte  en el límite de la vejez?

¿Como un beso cálido y compañero o como un puñal frío?

¿Como una visita esperada?

¿Como un enemigo que ríe?

¿Qué dolores produce?

¿ Qué recuerdos despierta?

¿Qué deudas nos trae?

¿Con qué ganas nos deja?

¿Qué deudas nos trae? /¿Con qué ganas nos deja?

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comentarios
  1. Flor Lopez dice:

    Es que no he podido terminar de leer el post sin que venga algo asi como la emocion. Quiero decirte varias cosas: entre ellas que haber leido tu comentario en mi blog salvó me salvó de varias cuestiones. Ademas de que fue una casualidad si es que podemos creer en cosas como esas (creo q no) por otro lado todo esto me llevo a lugares infinitos pero termina con una pregunta: como podes escribrir ahi no ams sobre la muerte? a me llevó 5 años poder si quiera nombrar en una dedicatoria a mi viejo.

    • solaguirre dice:

      Hola Flor! Realmente me intriga de qué cosas te habrá salvado mi comentario.
      Respecto a tu pregunta, creo que el duelo es tan único y personal como la muerte misma. En mi caso fue a la inversa. Digo:no esperé primero a hacer el duelo y dsps escribir, sino que escribir me sirvió para empezar con mi duelo. Me enteré de su muerte y no caí, estuve en el velorio y creía, por momentos, estar viviendo el relato de Cortázar “Conducta en los velorios”. Recién el entierro fue un pellizcón y cuando empecé a escribir caí en la cuenta de que el lagrimón sobre el teclado era la primer gota de sal para mi herida.Que se yo, a una muerte se la vive como se puede, a los ponchazos y sin calcos, con firma propia.
      Me alegra infinitamente que te haya llevado a lugares infinitos -valga la redundancia-. Algo parecido me pasó mientras lo escribía pero dudaba de que pueda llegar a pasarle lo mismo a quien lo lea. Eso habla de una complicidad que siempre incentiva a seguir haciendo un nuevo guiño de ojo con las palabras.

  2. Flor Lopez dice:

    LA intriga es un gran motor, casoi como el deseo la vanidad la lujuria y los otros y las otras exentricidades.

    mflorencia_lopez@hotmail.com

  3. Graciela Altamirano dice:

    Sol
    Se fué hace mucho mi abuela, se fue hace un tiempo ya largo mi mamá, mi papá…. a esta altura de mi vida no es para menos…
    Lo que escribís me hizo acordar al duelo por los queridos muertos que tenemos en mi familia. De eso si se habla….
    Y ahí están siempre cuando recordamos, como vos la flor, las cosas que hicimos juntos, cuando los criticamos (!) “Qué bravo era el viejo!!!”, cuando añoramos y nos ponemos nostalgiosos y hasta cuando nos encontramos con mis hermanos y en la sobremesa siempre llegan ellos, en una evocación que en la mayoría de las veces nos despierta risas…. que con frecuencia acaban en una mirada que se pierde por ahí…
    Cuando se van, se nos quedan adentro…
    Aún los extraño…. podés creer…
    Me encantó el como de lo que escribiste.
    Un abrazo
    Graciela

    • solaguirre dice:

      Graciela: Gracias por tus palabras.
      De seguro que se nos quedan. Creo que eso es lo más trascendental (o, a veces perturbador) del amor: que la gente amada se queda con nosotros. Extrañarlos/as forma parte de eso, de que anden revoloteando nuestros aires. Y evocarlos con un sonrisa, con sus aciertos y errores es una saludable forma de seguir haciendo el duelo por quienes ya no están con nosotros.
      Me alegra mucho que te haya gustado el cómo de lo que escribí.
      Gracias por los incentivos de siempre.
      Otro abrazo enorme para vos.

  4. Germçan dice:

    Muy bello, Sol…

  5. Teté dice:

    Hola! Me emocionaron mucho tus palabras. Gracias!

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