:.SOBRE EL CUENTO “NOTA AL PIE”, DE RODOLFO WALSH.: Por Sol Aguirre

Publicado: 9 junio, 2009 en Libros
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“Esa nota al pie no es otra cosa que  el pueblo, los sin voz, que comienzan a avanzar sobre el centro, el poder del Estado. No se proponen ir y asaltar el Estado, sino encontrar su propia voz, nuestra voz”. Matías Molle

 Tres traspiés trenzados

Un suicidio de un empleado infeliz. Un “entierro” donde el único presente es su empleador. Una carta del empleado, León, al empleador, Otero. Éstos son los tres elementos básicos del cuento “Nota al pie”, de Rodolfo Walsh. A partir de ellos se desgajan situaciones de la vida cotidiana, reconstrucciones de diálogos olvidados que estaban teñidos de oscuridad, espacios que necesitan de una muerte para ser “compartidos” entre los dos personajes principales.

Un rompecabezas que página tras página se va armando, donde cada pieza se corresponde inequívocamente con otra. Eso dejó escrito Walsh en este cuento sobre el traductor León, dueño de  un “orgullo infantil” que lo habita en los inicios de sus trabajos. Pero se convertirá en “hombre usado”, dueño de nada, ni siquiera de sí mismo, cuando su pasión se convierte en mero desgaste. Es ahí cuando su destino  suicida  empieza a vislumbrarse.

Walsh demuestra con este relato (como tantas otras veces) su capacidad para innovar al momento de contar una historia: es un cuento analógico, que es necesario que sea leído sobre  papel. El nombre del relato surge de la carta que León le escribe a Otero, y  en el cuento esas palabras  se muestran como una nota al pie. Mientras, en la parte principal  del cuento  el lector es testigo de acontecimientos que suceden después del suicidio del empleado. La nota al pie, hoja tras hojas, va apropiándose del texto, avanza impiadosamente sobre él. Lo hace sumando un renglón en cada página,  hasta que al llegar al final del relato, lo que era la parte principal del cuento ya no existe: la nota al pie es lo principal. Si las dos partes se conjugaban para darle cuerpo al relato sólo era para contar cómo se puede sentir la muerte después de la muerte, cómo la magnitud de la  vida se resignifica a partir de la inexistencia humana.

 León

Tuvo los ojos fulgurantes de alegría cuando se enteró de su nuevo trabajo de traductor, cuando terminó de traducir su primera novela, cuando supo que en la biblioteca nacional aparecía sesenta veces su nombre. Ante cada desafío laboral que enfrentaba con éxito, lo invadía una sensación indescriptible. Acaso necesitaba otro cuerpo para tanta felicidad, que clamaba por salir a borbotones.

Hasta que el ánimo se convirtió en pesar, la pasión en rutina y las esperanzas en desilusiones. La marginalidad a la que su trabajo lo sometía, la indiferencia de su jefe y el desamparo social, entre otras cosas, hacen de su cotidianeidad una ruina. Acaso necesitaba otro cuerpo para tanta infelicidad, que clamaba por salir a borbotones.

No encontró otro cuerpo pero sí la forma de salirse del suyo.

Primero, dejando que sus náuseas existenciales se conviertan en un vómito del lenguaje, en una carta con varios destinatarios. Es la carta para su jefe, pero también una proclama contra los males de este mundo (y, por ende, para quienes los originan). En esa exteriorización  de hartazgos León se siente, por fin, fiel a sí mismo. Él, que tantas veces  ha reescrito palabras de otros y ha sabido difundirlas fielmente con sus traducciones. Él, decide declinar en su labor diaria para realizar una manifestación que será  eterna: se convierte en el traductor de los sentimientos que invaden a quienes no son escuchados. 

Y después no habrá después. Porque su decisión es indeclinable: la muerte cubrirá a su vida con un resplandor que su vida ya ha perdido.

Su vómito de palabras lo atestigua: “Ignoraban lo que es sentirse habitado por otro, que es a menudo un imbécil: recién ahora me atrevo a pensar esa palabra; prestar la cabeza a un extraño, y recuperarla cuando está gastada, vacía, sin una idea, inútil para el resto del día” / “Yo alquilaba el alma”

 Otero

Y después habrá después. Es que la muerte tiene presencia. La ausencia de la vida del muerto se convierte en la presencia en la vida  de otros. A Otero se le vuelve inevitable esa representación .Pero la fatalidad  debe ser anestesiada para quien era jefe de un empleado que vive para trabajar. Porque si la vida es el trabajo, ¿cuántos motivos más pueden ocasionar el suicidio?. Entonces cualquier pensamiento es válido  para Otero para que la culpa  no se convierta en su hermana.

“Otero vio de golpe las cosas más claras. El suicidio de León no era un acto de grandeza ni  un arranque inconsciente. Era la escapada de un mediocre, un símbolo del desorden de los tiempos. El resentimiento, la falta de responsabilidad anidaban en todos. Sólo un débil los ejercía así”.

 Nota a las manos (de Walsh)

“Porque nadie puede vivir con los muertos, es preciso matarlos adentro de uno, reducirlos a imagen inocua, para siempre segura en nuestra memoria”, escribió con ironía  Walsh (al referirse a la actitud de Otero). Los textos que escribió son una invitación para contrariar a su personaje, tal como el autor mismo lo hizo. Su ejemplo de vida es una invitación a  vivir con sus palabras, llenarlas de vida dentro de uno, extenderlas a imagen desafiante, siempre segura en nuestra memoria.

   /Por Sol Aguirre-junio 09/Publicado en Cba noticias:
http://www.cbanoticias.net/cultura/sobre-el-cuento-%E2%80%9Cnota-al-pie%E2%80%9D-de-rodolfo-walsh/276609

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