:.QUE CROMAÑÓN NO SIGA SIENDO CENIZAS.: Por Sol Aguirre

Publicado: 31 diciembre, 2008 en Noticias y política
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[A cuatro años de la masacre]

El 3o de diciembre del 2oo4 el boliche República Cromañón fue una cápsula de humo tóxico que se convirtió en cenizas. En su cuarto aniversario, el caso sigue siendo una cortina de humo cuyas cenizas se barren debajo de la alfombra.

Todo eso

1OOO/194/4/1/ Son los números de Cromañón.  Aunque quizás  resulte frívolo relacionar esta masacre con cifras, se hace necesario rememorarlas.  Quizás porque los números siempre son más fáciles de traer a la memoria  antes que la cantidad de cosas que se dijeron y se mostraron sobre el caso. No es que lo que sucedió el 30 de diciembre del 2oo4 sea sólo una cuestión de números, obvio. Es que estos números no fueron eso ni siquiera en aquel momento. 194 jóvenes muertos  siguen siendo la insignia del dolor. Es una cifra espeluznante. Como lo es, también, que hayan  pasado 4 años desde que 1 inconsciente prendió una bengala en un lugar cerrado, lo  que terminó produciendo múltiples consecuencias. La más desgarradora de ellas fue la noche negra de humo, muertes y desesperación que dejó más de 1000 imágenes congeladas como instantáneas del horror entre quienes estaban presentes.

Todo lo otro

Pero también llegó a la pantalla y a los titulares de los diarios la impunidad de  los empresarios,  los políticos, la  policía y hasta de la banda que tocaba. Como una radiografía de los males argentinos, de un solo caso se desprendieron incontables escenas que, si bien en primera instancia producen rechazo, son también parte de las actitudes que se ven pero se callan en el día a día.

Desde que se inició el juicio las esperanzas de que los culpables sean juzgados revolotean en la sala donde el dolor y la justicia están separados por un vidrio blindado. La esperanza encuentra su motivo de existencia en la concreción de un hito judicial en una sociedad donde la corrupción y la injusticia son  la moneda corriente que también atravesó la masacre de Cromagnon.

Las declaraciones de los testigos desbordaron el protocolo judicial. Trajeron la descripción detallada de la desesperación que invadió la escena ante un fuego impiadoso que mataba: “del otro lado del portón de emergencia había dos metros de gente apilada y enroscada que trataba de sacar cabezas y manos para pedir auxilio”/ “hasta los bomberos tenían miedo de entrar porque sabían que se iban a morir”.

Trajeron también  las volutas de humo que aún giran en torno a los acusados de matar por impericia, imprudencia o negligencia: “la noche de la tragedia el local era como el subte a las seis de la tarde, por el intenso calor y la cantidad de personas en un mismo espacio”/ “la puerta  de la disco estaba cerrada desde adentro con un alambre que se enrollaba en una valla y un candado”/ “Ibarra había dicho que la ciudad estaba preparada para afrontar cualquier tragedia pero  redujo el cuerpo de inspectores, reemplazándolo por familiares suyos que se encargaban de garantizar que todo este en regla, la corrupción era su herramienta de trabajo”/ “Entendemos que fueron partícipes necesarios ( por Chabán y Callejeros), porque sin el aporte de su dinero para la coima a la policía no se habría podido meter tanta gente.”

 Vidas robadas, sueños en marcha

Así se llama la campaña que están llevando a cabo los familiares de las víctimas y los sobrevivientes para evitar que Cromañón sufra la indiferencia. Entre sueños de justicia y sueños rotos la masacre se rememora. “Mi hijo tuvo tres intentos de suicidio y una vez se arrojó desde el balcón del primer piso, medio dormido, porque soñaba que estaba en Cromañón y quiso salvarse.”, declaró una de las madres de los sobrevivientes.

 “Porque le podía haber pasado a tu hijo, a tu hermano, a tu vecino y a tu amigo. Porque casi doscientos chicos ya no concurrirán a recitales de rock ni compartirán una mesa familiar”, afirmaba uno de los comunicados  de los familiares que invitó a la gente a sumarse a la lucha contra el olvido concurriendo a una plaza porteña.

En este 30 de diciembre esa plaza se vistió de Cromañón. Pero la sociedad  argentina en su totalidad, no. No lo hará mientras el caso quede archivado como cenizas debajo de la alfombra, mientras los culpables equivalgan a cero y la posibilidad de que ocurra un caso similar sean miles.

Pensar Cromañón cuesta, duele. Pero se hace necesario y hasta imprescindible para entender los porqués de una masacre que va más allá de miles de imágenes, casi dos centenares de muertos, cuatro años y una bengala. Es todo eso pero también todo lo otro. Todo lo otro que nos hace tan nosotros.

 Quizás por eso el caso se puede considerar una radiografía argentina. Porque aún puede suceder en cualquier esquina. Y esa esquina será televisada, ocupará portadas, será charla de mesa. Develará corrupción, impunidad, inconsciencia e injusticia. Será un espejo en el cual mirarnos. Hasta que el espejo se rompa y la alfombra clame para que sus restos queden bien guardados. 

 [Sol Aguirre /Publicado en Cba noticias y Semanario El Regional]

http://www.cbanoticias.net/cultura/benedetti-y-la-paradoja-de-los-mortales-inmortales/247019

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